miércoles, 15 de enero de 2014

NNOO1555-2014ENERO: La alegría del Evangelio de la fraternidad y la justicia

La alegría del Evangelio de la fraternidad y la justicia
02 ENERO 2014 | POR HOAC
Editorial de Noticias Obreras
Núm. 1.555 - ENERO 2014



La exhortación apostólica «Evangelii gaudium» (La alegría del Evangelio) del Papa Francisco es una propuesta de vida impresionante. Una invitación a que repensemos nuestra vida, personal, social, eclesial, para crecer en fidelidad a la Buena Noticia de Jesucristo, porque en ella está el camino de nuestra realización humana, de nuestra felicidad personal y social. El Papa Francisco nos invita a fijarnos en lo más importante, en lo que es central y sustancial para nuestras vidas. De la gran riqueza de la exhortación queremos subrayar algo de lo que nos parece más sustancial.

Lo central y sustancial está en Jesucristo, es Jesucristo, y, en Él, está en la sagrada dignidad de toda persona y en la sagrada dignidad de la vida de los pobres que reclama justicia. Lo decisivo es mirar, como Jesucristo, nuestras vidas, nuestro mundo y nuestra Iglesia, desde la misericordia, desde el amor concreto a las personas concretas. La misericordia es la gran fuerza transformadora de nuestras vidas y de nuestro mundo: «Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos» (n. 183).

Por eso, la «transformación misionera de la Iglesia» pasa por salir de sí misma, por volcarse desde la misericordia en afirmar prácticamente la sagrada dignidad de la persona, por unir nuestra vida a la vida cotidiana de las personas, en particular de los pobres: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (…) Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse. “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6, 37)» (n. 49).

Nuestro mundo y nuestras vidas serían otras si realmente acogiéramos la lógica de Dios, si nos reconociéramos realmente como hijos y hermanos: «la vida social sería ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos» (n. 180). De ello quiere ser servidora la Iglesia. Existen hoy, dice el Papa Francisco, dos cuestiones fundamentales que determinan el futuro de la humanidad: la inclusión social de los pobres, en una economía y un sistema social que genera exclusión y descarta personas desde su idolatría del dinero, y la paz (fruto de la justicia) y el diálogo social que aprecia la diversidad para construir juntos un mundo mejor y más humano.

El cambio que necesita nuestro mundo pasa por situar en el centro la lucha por la justicia debida a los empobrecidos. Por eso, el Papa Francisco invita a tomarnos completamente en serio que «cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y la promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad» (n. 187). Escuchar el clamor de los pobres es afrontar las causas estructurales de la injusta pobreza, transformar esa situación, y ayudarles en sus necesidades concretas, uniendo el cambio estructural y el personal, porque «el imperativo de escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno» (n. 193). Por eso es tan importante generar una nueva mentalidad política y económica, «crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos» (n. 188).

Dios otorga a los pobres «su primera misericordia». «Por eso –dice Francisco– quiero una Iglesia pobre para los pobres (…) La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (n. 198). Porque «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio (…) Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (n. 48).

DSI, 2013-Dic: Los objetos del culto divino y los casos de necesidad de las personas

Un Faro ante la crisis, DSI, Dic. de 2013
Los objetos del culto divino y los casos de necesidad de las personas
11 de diciembre de 2013



UN FARO ANTE LA CRISIS


DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA


"Ante los casos de necesidad, no se debe dar preferencia a los adornos superfluos de los templos y a los objetos preciosos del culto divino; al contrario, podría ser obligatorio enajenar estos bienes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello".
(Juan Pablo II, 
Sollicitudo Rei Socialis. 
SRS. nº31)

DICIEMBRE 2013

sábado, 12 de octubre de 2013

"GRITO DE LOS POBRES, GRITO DE LA TIERRA" - DECLARACION CRISTIANA A PROPOSITO DE LA INICIATIVA DE DECRETO DE ENRIQUE PEÑA NIETO PARA MODIFICAR EL MARCO CONSTITUCIONAL DEL SECTOR ENERGETICO DEL PAIS.

“GRITO DE LOS POBRES, GRITO DE LA TIERRA”
“Francesco aprendió a llamar hermanos al sol, a la luna, al agua y a la tierra porque antes había aprendido a llamar hermanos a los leprosos”
(Ian Bradley, Dios es verde)

DECLARACION CRISTIANA A PROPOSITO DE LA INICIATIVA DE DECRETO DE ENRIQUE PEÑA NIETO PARA MODIFICAR EL MARCO CONSTITUCIONAL DEL SECTOR ENERGETICO DEL PAIS.

I. NOTA INTRODUCTORIA

A) Durante los años 2005-07 organizamos y participamos en la Campaña “Por un PEMEX bajo administración pública, transparente, seguro, productivo, sustentable, eficiente, y respetuoso del ambiente, las comunidades y los derechos humanos laborales”, cuyo objetivo consistió en informar e interesar a la sociedad civil sobre el sector energético del país e involucrar en ello a actores sociales relacionados con PEMEX. Consensamos entre comunidades campesinas, técnicos y profesionistas de la empresa, ambientalistas, organismos de derechos humanos y de la sociedad civil, ex altos funcionarios e ingenieros de la empresa, sindicatos, organizaciones dedicadas a la transparencia en el manejo de los recursos públicos, economistas, y trabajadores sindicalizados, un diagnóstico sobre la situación y un Proyecto Alternativo Integral. Ambos fueron discutidos en municipios, universidades, Congreso de la Unión, asambleas y reuniones públicas, mediante foros regionales y nacionales, consultas y debate con especialistas, y difundidos en cuadernillos, posters, trípticos, discos compactos y seminarios. Avalaron el documento unas 30 organizaciones de diferentes regiones, además de legisladores, exlegisladores, catedráticos, y personalidades en lo particular. Posterior a la Campaña se siguieron diferentes iniciativas, como la constitución del Comité Nacional de Estudios de la Energía, elaboración de otros impresos, etc. El proceso seguido y su texto final son nuestra referencia al abordar, ahora en 2013, la situación del sector energético, en particular la de PEMEX.

B) El 9 de abril del año 2008, Felipe Calderón envió al Senado de la República, cinco Iniciativas de Ley para modificar el régimen de Pemex. Su contenido era contrario a la tendencia prevaleciente en los últimos 70 años, lo que indujo la creación de un movimiento de resistencia civil, su movilización y el progresivo interés activo de amplias capas de la población mexicana, nucleadas por el Movimiento en Defensa del Petróleo, en contra de dicha iniciativa. Se sumó a ello, la toma de las tribunas del Congreso de la Unión por parte de Frente Amplio Progresista, lo que abrió la posibilidad de que tales cambios se debatieran. En ese contexto, la Pastoral Laboral Nacional, decidió dar a conocer su opinión respecto al tema, mediante el texto: “GRITO DE LOS POBRES, GRITO DE LA TIERRA”, Declaración cristiana a propósito del debate público sobre una posible reforma del sector energético del país, conscientes de que debía “privar la información, el análisis y la consideración de alternativas, pues el futuro de Petróleos Mexicanos, no es competencia sólo de los legisladores”, y ya que no estaba muy distante en el tiempo, la promoción de la campaña mencionada en el primer párrafo. Por su parte, el CEREAL publicó la historieta Los caminos del petróleo, soberanía desde los vientres de la tierra, para contribuir a la necesaria información, sustento de cualquier debate y materia prima de toda decisión (ambos en abril del 2008).

C) No obstante el movimiento social y legislativo de oposición, el Senado aprobó en octubre, con los votos a favor del PAN, PRI, PVEM y Convergencia, la ley para el Aprovechamiento de las energías renovables, que entre otros cambios, dio entrada a los cuestionados contratos incentivados y con ellos, a las corporaciones extranjeras para la exploración y explotación petrolera o los servicios requeridos para ella. Desde entonces, y sólo como un dato revelador, Pemex Exploración y Producción (PEP) ha dado, cuando menos, 216 contratos a la compañía francesa Schlumberger Ltd. por 97 mil millones de pesos; a la estadunidense Halliburton, 128 contratos por 8 mil millones de pesos; a Weatherford, contratos por 9 mil millones de pesos; a Global Drilling, por 3 mil millones de pesos; Houston Texas JRH recibió contratos por 394 millones de pesos, etc.[1]

D) Para 2013, el regreso cuestionado del PRI a la Presidencia, está implicando la imposición de reformas impuestas desde el poder legislativo con la promoción del, también cuestionable, Pacto por México. Relacionado con el sector energético del país, el 12 de agosto, Enrique Peña envió al Senado de la República, su iniciativa de decreto (ya lo habían hecho PAN y PRD), ya no planteando la modificación de leyes secundarias como Felipe Calderón, sino yendo más lejos y amparado en un manejo apropiado a sus intereses de la figura y políticas de Lázaro Cárdenas, pretende reformar los artículos 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, eliminando la condición constitucional de áreas estratégicas a los hidrocarburos y a la electricidad, y con ello, abrir la posibilidad de que el estado mexicano pierda la exclusividad en el manejo y cuidado de tales áreas vitales. La gravedad de lo que se intenta (aunque aleguen que habrá reforma fiscal de Pemex y no se expedirán concesiones, cuestión que sí plantea el PAN), representa dar marcha atrás a la decisión histórica de 1938 de considerar soberanamente, que el petróleo ha de ser para beneficio exclusivo de los mexicanos y no para empresas privadas, sobre todo extranjeras, refiriéndonos no sólo a la propiedad sino también a lo que se conoce como renta petrolera (diferencia que hay entre el precio de venta del petróleo y su costo de extracción) [2]. En el CEREAL y en la Pastoral Laboral Nacional consideramos de tal seriedad el paso que se pretende dar, que creemos de toda vigencia y validez insistir en que hay alternativas que no impliquen cambios constitucionales [3], por ello reeditamos nuestra opinión del 2008, actualizándola en lo pertinente.

E) Seguimos convencidos de que para los cristianos y cristianas, preocuparnos por la problemática social, es una dimensión del único envío recibido de Jesucristo: evangelizar. Sin incidir en la transformación social, el Evangelio de Jesús se queda por los aires, no aterriza y se le inhibe la posibilidad de encarnar el Amor de Dios mediante obras verificables de caridad y justicia. Por lo que seguimos invitándoles a reflexionar y discernir sobre el presente y el futuro del principal recurso natural con que Dios bendijo al suelo mexicano: el petróleo (y ahora está implicada también la electricidad [4]). De modo que lo que está por definirse y decidirse, sea conforme al designio de Dios, para quien “la tierra está hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, (y) todo hombre tiene derecho de encontrar en ella lo que necesita” (Populorum Progressio, 22).

F) Ofrecemos nuestra palabra, precisamente en un momento donde priva la necesidad de que la población sea consultada [5], ya que lo que está en juego no es menor y justo cuando el Papa Francisco ha hecho un llamado a reconocer que: “El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que idolatra a un dios llamado dinero” (refiriéndose a la relación entre la falta de trabajo y la dignidad, Cagliari, Cerdeña, 22.09.13), por lo que con mayor razón, alimentamos nuestra opinión con dos criterios fundamentales: la certeza en la fe de que lo sagrado ante Dios es la persona humana y su dignidad, primer y fundamental camino de la Iglesia; y la opción preferencial por los pobres, que son la inmensa mayoría de los mexicanos y mexicanas para quienes en los últimos 30 años, su pobreza se ha agudizado tanto hasta convertirse en exclusión.

II. ALGUNOS HECHOS DE LA PROBLEMÁTICA

Primeramente, la cuestión petrolera ha de ser tratada con toda seriedad y rigor, más allá de la repetición incesante de la propaganda y spots del gobierno federal [6], ya que se pone en juego no sólo algo nuestro sino a nosotros mismos por la importancia socio-estratégica de los hidrocarburos e industria eléctrica en la identidad nacional [7].

De ahí que los argumentos del gobierno federal y de los voceros de intereses privados, nacionales y extranjeros, soslayan cuando menos, tres hechos de enorme importancia: tendencias internacionales de la gran industria del petróleo, cómo le ha ido realmente a algunos países con su respectiva apertura [8] y que en realidad, sí hay recursos económicos en el país de los cuales echar mano para invertirlos en Pemex y en CFE, no como lo afirma la propaganda oficial.

Primero, la Iniciativa Peña de reforma energética, da la espalda a la evidencia internacional, pues va en sentido contrario a la tendencia moderna e internacional de reestatizar y renacionalizar las mayores compañías petroleras para crear mejores condiciones de bienestar nacional (Arabia Saudita, Irán, Venezuela, China, Rusia, Brasil y Malasia [9]), según lo ha documentado el rotativo especializado The Financial Times. Las empresas renacionalizadas hoy controlan 90% de las reservas mundiales. La Chevron, Texaco, BP, Shell y Exxon-Mobil controlaban el 70% en 1978, y hoy, sólo el 10%. Según esta modalidad, el gobierno brasileño, según lo asentó, Ildo Luis Sauer, exdirector de Petrobras (2003-2007), con los nuevos descubrimientos de los yacimientos en el Pre-sal (2010), en el océano Atlántico, primero retiró de licitación 47 bloques de los campos Tupí y Júpiter, precisamente para no compartir la explotación de esa riqueza, ya que descubrió reservas cuantiosas, y segundo, realizó una capitalización, con lo que pasó de una propiedad estatal de 38 al 49 por ciento y el gobierno venezolano, el 1º de mayo de 2007, inició el rescate de la industria petrolera y su soberanía energética mediante la nacionalización de la Faja Petrolífera del Orinoco y las trasnacionales British Petroleum PLC, Exxon Mobil, Chevron, ConocoPhillips, Total y Statoil ASA, pasaron a ser socios minoritarios. Incluso hay que recordar la negativa del Senado de Estados Unidos a vender Unocal a la compañía petrolera estatal china. Es decir, los países aseguran sus recursos.

Segundo, más sobre Brasil y Petrobras. No está por demás citar lo que el mismo Ildo Luis Sauer, ex director de Petrobras (2003-2007), ahora director del Programa de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Sao Paulo, dejó asentado el pasado viernes 20 de septiembre, en su conferencia magistral en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (seminario Pemex y CFE ante la reforma energética en el México del 2013 ¿Privatización o modernización?), pues aseguró que con la apertura del sector energético, Brasil tiene más lecciones negativas que aprender que positivas. Por ejemplo, mencionó que la venta del capital de Petrobras fue un desastre. En agosto de 2000 se vendió el 30 por ciento de la empresa petrolera brasileña en la bolsa de Nueva York, en una operación de entre 4.5 y 5 mil millones de dólares y, ocho años después, en 2008, ya valía 80 mil millones de dólares; y que tras la apertura del sector eléctrico no se cumplieron las promesas de bajar las tarifas eléctricas, además de que se deterioró la calidad del servicio, se elevaron considerablemente las tarifas y se extendieron los apagones [10]. Concluyó que en Brasil, contrariamente a lo que pretenden hacernos creer, la apertura no fue benéfica y que ahora se empieza nuevamente a restatizar la industria petrolera. Lo que se profundizó, fue el proceso de penetración de los intereses del capital financiero internacional en el sistema energético. “Están muy fuertes ahí dentro. Después de que penetraron es difícil echarlos. En México están empezando”, advirtió.

Tercero, Pemex es una empresa estatal altamente rentable, que genera enormes utilidades [11]. Ello, a pesar de la enorme corrupción, que merma los ingresos e infla los costos. El factor que explica que contablemente aparezca con pocas utilidades o con pérdidas crecientes, es la excesiva carga fiscal que le impone el gobierno a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. En el periodo 1998-2005, Pemex generó utilidades por 256 mil millones de dólares, pero pagó impuestos por 284 mil millones de dólares; ello le provocó una pérdida contable acumulada en el periodo por 28 mil millones de dólares. En 2012, tuvo ingresos del orden de los 125 mil millones de dólares y la secretaría de Hacienda le cobró, en impuestos, 67.4% de ese ingreso. La carga fiscal de Pemex (impuestos como porcentaje de las utilidades generadas) cuadruplica la de empresas privadas en México, y casi triplica la de otras empresas petroleras (Noruega, 19%; Colombia, 11%). Si la carga fiscal del 93% aplicada a Pemex en el período 1989-1997 constituye una aberración, la carga fiscal del 111% impuesta en el período 1998-2005, constituye un crimen contra la economía nacional, puesto que se trata de una empresa estatal, que convierte una parte de los recursos petroleros del país, en gasto público para escuelas y hospitales [12].

Así, la imagen que se proyecta de Pemex es que año con año registra pérdidas, en vez de utilidades; que sus pasivos ya superan el valor de sus activos; que su patrimonio se pulveriza y prácticamente ha desaparecido. Obviamente, eso impacta en la opinión pública y crea la falsa percepción de que Pemex es una empresa quebrada y que el Estado no tiene fondos para invertirle. La conclusión viene enseguida: “lo mejor para el país” sería que Pemex se dedique a “administrar contratos”; no se privatizará, afirman, pero que le entren al negocio y la ganancia: “En el contexto actual, la imposibilidad de que la Nación pueda aprovechar en sus actividades de exploración y extracción, la participación de particulares, a través de contratos, los cuales podrían aportar precisamente las altas inversiones requeridas…” [13], etc. La reforma de Peña es propagandizada como la última oportunidad para México [14], de atraer miles de millones de dólares necesarios para desarrollar, sobre todo, las reservas en aguas profundas, y para evitar convertirnos en un importador neto de crudo (algo que Pemex advierte que podría ocurrir en 2020), marginando el hecho de que el dinero, lo hay. Nuestro país cuenta con las reservas de Banxico: 166 mil millones de dólares, con las pensiones de las AFORE: 120 mil millones de dólares (por duplicarse en unos años debido a la pirámide generacional), etc. Sólo se requiere ingeniería financiera y ciertas condiciones para aprovechar esos recursos como que la empresa se mantenga como estatal y haya un banco, igualmente estatal.

Entonces, el deterioro financiero de Pemex ha sido inducido de manera consciente por sucesivos gobiernos, de uno y otro color, a través de la SHCP [15]. Además, estos mismos gobiernos, han convertido a México, que es un país petrolero, en importador neto de combustibles, gas natural, y petroquímicos [16], privilegiando la extracción y exportación de crudo en lugar de su transformación industrial o el pagar costosas reconfiguraciones de las refinerías en lugar de construir nuevas plantas, desalentando el procesamiento de los hidrocarburos que cubre la demanda nacional [17]. Todo se subordinó a la exportación de crudo, para cumplirle a los Estados Unidos (y favoreciendo el consumo masivo de gas para la producción de energía eléctrica), pero en contra parte, sin frenar el agotamiento del petróleo, descuidando la exploración, acelerando la disminución de reservas probadas y sin atender su máxima recuperación. Además, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón, dejaron de impulsar presupuestalmente, la investigación y el desarrollo tecnológico nacional en materia de energía, asfixiando a los Institutos Mexicano del Petróleo y de Investigación Nuclear y Eléctrica.

Al perder capacidad operativa y depender cada vez más de las compañías de servicios, principalmente extranjeras, a Pemex la convirtieron en una empresa dependiente y menos autosuficiente [18]. Esta dependencia, lo que ha logrado es la construcción de un PEMEX paralelo. En los últimos 20 años, ya se ha ido fomentando la participación privada en actividades, obras y servicios, en un sector exclusivo del Estado, con dos consecuencias negativas, tampoco abordadas en diagnóstico alguno: a) la transferencia sistemática de actividades productivas llegando a incluir yacimientos, instalaciones y equipos mediante contratos de servicio, lo que estancó y destruyó fuerzas productivas nacionales [19]; y, b) de ahí, el abandono de la infraestructura y equipos, que por falta de mantenimiento y el despido de personal calificado, ha ocasionado el incremento y gravedad de los accidentes. La suma es evidente: incapacidad estatal; y ha repercutido, negativamente, en la imagen pública de la empresa.

Entonces, dado este deterioro empresarial, productivo y financiero, la discusión no puede ser sobre la existencia o no de un tesoro en las aguas profundas del Golfo de México, intento de Calderón, ni si la reforma es Cardenista o no, estrategia de Peña; ambos basados en diagnósticos sesgados sólo elaborados para transferir al sector privado un mayor poder y abrirle totalmente su participación en actividades estratégicas. Como ya lo han afirmado los especialistas, hoy por hoy, México no tiene necesidad de explotar petróleo eventualmente existente a 3 mil metros bajo el mar, ni puede ser una urgencia prioritaria de PEMEX [20]. Sería lo más difícil, lo más caro [21], lo más complejo, y lo más arriesgado [22]. En todo caso, lo más sensato sería ir por el petróleo ya descubierto (aún más cuando la producción de petróleo en los últimos años se ha basado en la destrucción de reservas probadas) [23].

Lo verdaderamente central, y ausente, es si se cuenta o no como país, con una estrategia para el desarrollo y aprovechamiento de las industrias nacionales eléctrica y petrolera y su futuro, realmente inspirada en el marco constitucional y de beneficio para las mayorías del país. Es decir, la existencia de una política energética como política pública, en línea con el derecho internacional de los pueblos al desarrollo [24], que integre dicha industria (petróleo, electricidad, energía nuclear…) y la oriente hacia el desarrollo económico social, y que no deje fuera, operativa y no declarativamente, las otras fuentes de energía, sobre todo, las renovables y la necesaria prospectiva en torno a la transición hacia éstas por ser más limpias, baratas y accesibles en el país.

Por último, pero fundamental, hay que señalar el procedimiento de los últimos administradores de Pemex, en cuanto al factor humano se refiere, pues han menospreciado ese potencial de la empresa, cuando menos de tres maneras: 1ª. Jubilando anticipadamente y deshaciéndose de valiosos trabajadores de confianza y sindicalizados, y empleando solamente gente para los mayores niveles y mejores salarios [25]; 2ª. Violando sistemáticamente tanto los derechos humanos laborales del personal sindicalizado (los trabajadores transitorios lo ejemplifican con creces), sobre todo si son de oposición a la dirigencia sindical, como los del personal de confianza (en particular, el derecho a organizarse), y dejando en la indefensión a los trabajadores subcontratados por las empresas privadas [26]; y 3ª. Al consentir liderazgos sindicales corruptos y solapar su impunidad (lo que se ha prestado para desviar recursos hacia otros fines que no son los contractuales); líderes propensos al tráfico de influencias, del que resulta su enriquecimiento, el de empresarios cómplices, funcionarios, políticos y familiares. Corrupción que también daña a la empresa y le afecta públicamente [27]. Y no menos le afecta el respeto que mantenga hacia los derechos de los trabajadores, en particular, el trato hacia aquellos que demandan democracia sindical en su organización [28].

III. UNA ILUMINACIÓN CRISTIANA SOBRE ESTOS HECHOS.

1º. Génesis 1, 28: “Y los bendijo Dios diciéndoles: Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla” [29]

El verbo hebreo kabash significa poner el pie, apoyarse, y puede referirse a poner el pie, a poblar o habitar. Dominar la tierra significa simplemente habitarla. “El Creador del cielo, modeló la tierra y no la creó vacía sino que la formó habitable” (Is 45, 18). En la concepción del Antiguo Testamento, la tierra no es del hombre, y éste es responsable de ella ante Dios. La ha recibido como un regalo. El hombre es su administrador, y se espera de él que la administre sabia y responsablemente. No es a la mentalidad bíblica sino al individualismo moderno y a la concepción romana de la propiedad como “derecho de usar y de abusar”, a quien habría que cuestionar por el uso y abuso de los recursos naturales.

En la visión cristiana de la Creación, se trata de recobrar el carácter de regalo que tiene la tierra para los seres humanos. La tierra, y por ende, sus recursos naturales, son don del Dios de la vida para todos. Esta afirmación se desprende de la larga tradición bíblico-cristiana. Así, cuando la tierra y sus frutos son apropiados sólo por algunas personas en detrimento de otras, topamos con una gravísima subversión del orden querido por el Creador y Padre-Madre de todos y todas.

Para nosotros, el problema del petróleo y la electricidad y del cuidado de los recursos naturales, no puede ser desligado de esta óptica de cuidado y recta administración de la Creación, y por ende, del problema de la justicia, que es la que da eficacia o no, a dicha óptica. La pregunta, entonces, es válida ¿Ha incurrido en irresponsabilidad el que administra o abusa de un bien público, si lo que abunda es pobreza y escasea el bienestar general? ¿La iniciativa promueve un tipo de apropiación en detrimento del beneficio común? Esto nos permite establecer el criterio de que relanzar las industrias petrolera y eléctrica, debe ser relanzar la realización de la justicia social y la eliminación de la miseria, y con ese criterio ver críticamente la Iniciativa Peña. Desde la visión cristiana de la Creación, el centro de la misma debe ser la persona humana, en este caso, los mexicanos y mexicanas realmente existentes, no el dinero (y sus adoradores), el clásico ídolo que exige sacrificios humanos, que crea riqueza concentrándola más, en lugar de repartirla mejor.

Bajo este prisma, los administradores y responsables de Pemex, y quienes coloquen su conciencia ante decisiones estratégicas sobre su futuro, tendrían que partir de una sincera autocrítica: ¿Cómo es que el Gobierno no va a consultar una reforma constitucional tan fundamental? ¿Cómo es que buscan resquicios al marco jurídico para convertir en ganancia privada lo que hoy es un ingreso, propiedad de la nación, que comprometerse con su mandato? ¿Subordinarnos en lugar de liberarnos, dejando de lado la planeación del uso de fuentes de generación de energía más limpias y baratas? ¿Reinterpretar leyes o querer transformarlos para beneficio de entes privados que comulgar con la exclusividad del Estado plasmada en los artículos 27 y 28 de la Constitución en pro de un pueblo entero? Las preguntas serían ociosas, pero estamos ante probables consecuencias perniciosas, como las que han venido una vez que se desenajenaron los ejidos, las minas, las carreteras, los bancos o las televisoras.

2º “Combatir la miseria, y luchar contra la injusticia, es promover el bien común”: Pablo VI (Populorum Progressio, 76)

Si la persona humana es sujeto, fundamento, causa y fin de todos los procesos e instituciones sociales, según el papa Juan XXIII, en su célebre carta Mater et Magistra, la sociedad debe estar a su servicio y debe regirse para ello por el principio del bien común, entendido como “el conjunto de las condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de los miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. Este principio, según la Octogesima adveniens, de Paulo VI, es un compromiso que corresponde en primer lugar, a la autoridad pública, al grado que la legitimidad del Estado y su tarea principal, se encuentra en alcanzar el bien común temporal.

De modo que bajo esta luz, consideramos que la renta petrolera no debe ser apropiada de manera privada, sino puesta al servicio exclusivo del desarrollo social del país. Se trata de poner condiciones para que la vida social sea más plena y permita más oportunidades, entonces no se deben abandonar principios rectores como los de la exclusividad del estado en áreas estratégicas o su consideración constitucional como tales, pues las degradas y te impide, por ejemplo, que la fijación de los precios de los hidrocarburos y derivados para el consumo interno, como la gasolina, se utilicen como instrumento de una política de desarrollo industrial que pueda recrear cadenas productivas y generar empleos, y no como precios excesivos o subsidiados con fines políticos o electorales o meramente fiscales.

Por ende, será inmoral ceder las venas y el corazón de Pemex o de CFE, eliminando de la Constitución, la condición de áreas estratégicas a los hidrocarburos y a la electricidad, y con ello, abrir la posibilidad de que el estado mexicano pierda la exclusividad en el manejo y cuidado de tales áreas vitales y sea total o relativamente desplazado, en el caso del petróleo, no sólo de la exploración y la explotación de los yacimientos sino del manejo de las reservas y hasta de la transformación industrial así como en los servicios complementarios, con el fin de transferir, de forma injustificable, a firmas privadas actividades rentables para privatizar ganancias en detrimento de los derechos sociales de la mayoría (a compañías privadas que, además, comprobado está, ofrecen pésimos salarios, prestaciones y condiciones de trabajo); y si ya se da el caso de transferencia de operaciones y ganancias al sector privado, esto debe ser analizado, evaluado, y en su caso, detenido, y debe legislarse al respecto.

3º Del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

De la dignidad de la persona humana, como exigencia del bien común, deriva el principio del destino universal de los bienes. La raíz de este principio se encuentra en el hecho de que Dios ha creado todas las cosas y se las ha entregado a la humanidad para su desarrollo, sin excluir, ni privilegiar a nadie; además, los bienes de la creación son necesarios para el crecimiento integral de la persona humana, ya que “la persona, en efecto, no puede prescindir de los bienes materiales que responden a sus necesidades primarias y constituyen las condiciones básicas de su existencia; esos bienes le son absolutamente indispensables para alimentarse y crecer, para comunicarse, para asociarse y para poder conseguir las más altas finalidades a que está llamada”.

Por ende, resulta incompatible y es un contrasentido, que ante los bienes entregados a la nación, por la obra maravillosa de la Creación, primero, se busque privilegiar en la Iniciativa Peña, la incorporación del negocio privado, por encima de una mejor administración de lo universalmente dado. Nos referimos a lo que pudiera abonar, sin eufemismos, a una privatización o de Pemex o de la Comisión Federal de Electricidad y sus activos o de la renta petrolera o de beneficios derivados de ella (que, por cierto de privatizaciones, en México ya tenemos algunas tristes lecciones), pero también nos referimos a toda esa cantidad de contratos de servicios que han proliferado de forma tan polémica, jurídica y políticamente. Y segundo, que se vaya a continuar como eje estratégico de la industria petrolera nacional, la explotación irracional de un recurso no renovable. Y mayor contrasentido aún, que no se consulte la voluntad popular ante un cambio de tal trascendencia. Creemos que el país ya no está para anteponer beneficios privados, nacionales o extranjeros, a consideraciones sociales, ambientales, estratégicas e intergeneracionales, que están ocupando, hoy por hoy, un lugar secundario en las decisiones de las últimas administraciones.

Finalmente, creemos más acorde y armónico con un concepto de desarrollo no excluyente e integral de cara al crecimiento de la persona humana, que Pemex, la empresa más importante de México, sea rehabilitada financiera y productivamente, sin modificaciones al marco constitucional, que sea fortalecida, manteniéndose bajo administración pública, sin que pierda la exclusividad en el sector y sin que petróleo y electricidad dejen de ser sectores estratégicos y sin que sea rebajada a una mera administradora de contratos. Su desarrollo debe garantizarnos soberanía y calidad de vida (en la hora de transitar de la dependencia de combustibles como el petróleo a fuentes de energía renovables, limpias y baratas) y formar parte de un Plan Nacional de Energía, volviendo al modelo de empresa integrada y no subdividida en 4 filiales. Pemex debe ser: transparente (ciudadanos y poder legislativo deben ser un real contrapeso operativo); productiva (incrementando la capacidad de refinación, garantizando la recuperación de hidrocarburos); segura (mediante el manejo comunitario del plan para la seguridad y operación sin riesgo); sustentable y respetuosa del ambiente (asumiendo la deuda y protección ambiental: monitoreando la contaminación y auditando los ductos), respetuosa de las comunidades (eliminando riesgos y haciéndolas beneficiarias del recurso) y de los derechos humanos laborales (no puede haber un rescate de Pemex sin democratizar el sindicato petrolero y sin que la empresa garantice el respeto y promoción tanto de sindicalizados como de los trabajadores transitorios, de confianza y de los obreros de las compañías contratistas).

Para terminar, hacemos eco de una exigencia mayoritaria en el país, razonable y prudente, según las encuestas, de ser escuchados al respecto. Creemos así, que es la hora ciudadana. Es la hora, pues, no de la desnacionalización sino de la renacionalización no sólo del petróleo y electricidad, sino de las minas, las telecomunicaciones y de todos los recursos naturales propiedad de la Nación, que han sido puestos en manos que sólo los han administrado en beneficio propio y no para las grandes mayorías del país.

IV. MAYOR DETALLE DE LAS PROPUESTAS QUE COMPARTIMOS

Planteamos: A) el esbozo de una política pública energética en base a las siete estrategias que se discutieron y consensaron en la Campaña referida en el inciso A de la Nota Introductoria de este documento, y B) más específicamente, lo referido a la rehabilitación financiera y productiva de Pemex. Desde luego que no son los únicos caminos, pero sí los que nos parecen más coherentes y más conducentes de acuerdo a la Constitución Política Mexicana y a la opinión que aquí se ha expresado.

A) ESTRATEGIAS DE LA CAMPAÑA “POR UN PEMEX BAJO ADMINISTRACIÓN PÚBLICA…”

El proyecto alternativo integral para la industria petrolera propuesto por los trabajadores, especialistas, las organizaciones sociales y pobladores de zonas petroleras, contempla siete estrategias desplegadas en una centena de líneas de acción que, interrelacionadas, contribuirán a lograr: su reorientación social, la seguridad energética y su subordinación al desarrollo nacional a largo plazo (sólo se esbozan las líneas gruesas y no las acciones concretas). Creemos que pueden propiciar: el despliegue del potencial de sus decenas de miles de trabajadores; la racionalidad, reconstitución y seguridad de los procesos sustantivos casi desmantelados; la reorganización administrativa para operar y manejar los recursos y productos petroleros y financieros con eficiencia y transparencia; el resarcimiento de las injusticias laborales y cumplimiento cabal de los derechos humanos laborales.

1. Desarrollo social como prioridad del reparto de la renta petrolera: restablecer la legalidad constitucional deteniendo la transferencia de operaciones y renta al sector privado; establecer el soporte legal para el reparto de la renta petrolera; participación del trabajador y de las comunidades aledañas como custodios de la industria petrolera; participación comunitaria y municipal en las zonas petroleras;

2. Seguridad energética y desarrollo económico nacional, como prioridades de la planeación en corto y largo plazo: la política energética, derivada de un mandato de Estado (establecer una nueva relación entre el Estado y PEMEX), seguridad energética, relación con el resto de la economía; y otra política de financiamiento;

3. Explotar y transformar en forma racional y eficiente los hidrocarburos: condiciones, garantías, nuevos equilibrios, cancelaciones necesarias, programas y planes para cada una de las subsidiarias: Exploración y Producción; Refinación y Exportación; Gas natural; y Petroquímica.

4. Operar la industria con seguridad y respeto al ambiente y a las comunidades: fortalecer e implementar programas de seguridad industrial; respeto al ambiente y a las comunidades, asumiendo la deuda ambiental, auditando redes y reordenando el crecimiento;

5. Administrar con eficiencia y transparencia: enfocado a: procesos administrativos y transparencia;

6. Respeto irrestricto a los derechos humanos laborales; y,

7. Recursos petroleros para el desarrollo de los pueblos y la energía como un derecho de la humanidad.

B) PROPUESTAS PARA LA REHABILITACION FINANCIERA Y PRODUCTIVA DE PEMEX.

1ª. Aprovechamiento estratégico de los excedentes petroleros derivados de la histórica cotización actual. La Ley de Ingresos de la Federación calcula cada año un precio aproximado para el crudo de exportación. Para 2013 calculó 84 dólares por barril. El promedio del precio internacional de venta lo podemos fijar, conservadoramente, en 100 dólares por barril. Ahora bien, de los 2,500,000 mil barriles diarios producidos, alrededor de 1 millón y medio es exportado, por lo que la aritmética ayuda para sacar la diferencia en base a un excedente de 15 dólares por cada barril vendido. Con lo que significa de ingreso ese millón y medio de barriles de exportación por día, al mes o al año de excedentes, podríamos construir una refinería energética o las que fueran necesarias (calculada en un costo menor a los 1 mil mdd), aledañas a donde ya hay instalaciones de refinación, lo que ahorraría en instalaciones y produciría las gasolinas y los combustóleos que importamos.

2ª. Pemex es la única empresa petrolera en el mundo que teniendo suficiente materia prima (petróleo) y suficiente mercado (importamos 30% de gasolinas en vez de producirlas), no utiliza su capacidad instalada de refinación al 100% (prefiere cumplir con las metas que le fija la Secretaría de Hacienda, y sacrificar sus refinerías). Por lo que a la mayor brevedad, sin inversión alguna, es posible desde ya, reducir el volumen de petróleo crudo exportado en 280 mil barriles diarios para enviarlos a las refinerías, a fin de utilizar la capacidad instalada que no se aprovecha actualmente (20%). Operar las refinerías al 100% de su capacidad, permitiría a Pemex obtener ingresos adicionales por 655 millones de dólares por año [30], además de que contribuiría a reducir las importaciones de gasolinas (al 5%) y otros derivados.

3ª. Se ha de eliminar totalmente y a la mayor brevedad, la quema de gas asociado que se realiza en las plataformas de la zona marina del Golfo de México, particularmente en Cantarell (700 millones de pies cúbicos de gas por día). El valor del gas quemado asciende, conservadoramente, a un millón de dólares por día. Los ahorros permitirían amortizar en unos cuantos meses el costo total de la conclusión de la construcción de otras instalaciones y su equipamiento necesario.

4ª. Dar vigencia efectiva a la Reserva para Exploración y Declinación de Campos, creada para garantizar a Pemex un mínimo de recursos para no interrumpir sus actividades de exploración. Sin embargo, los propios estados financieros de Pemex revelan que esos recursos han sido desviados, al ser utilizados para reducir el saldo de las pérdidas acumuladas de ejercicios anteriores.

5ª. Pasa igual con los recursos de la Reserva para Depreciación. La Secretaría de Hacienda se los apropia y deben ser utilizados para lo que fueron creados: adquirir nuevos equipos que sustituyan a los viejos y desgastados, que deberían ser retirados al concluir su vida útil.

6ª. Ajuste triple a la estructura y remuneraciones de los altos directivos de la empresa: 1º) cancelar las contrataciones que a partir de 2001 se realizaron por encima de la estructura orgánica autorizada; 2º) reducir en 25% salarios y prestaciones de los altos directivos (niveles 39 al 45); 3º) eliminar la práctica de disfrazar gastos personales de los altos directivos como si fueran gastos de operación de la empresa (que son incluidos, por ejemplo, en las partidas Materiales y Suministros o Servicios Generales). Estos ajustes representarían ahorros equivalentes a 130 millones de dólares anuales.

7ª. Eliminar la obligación que tiene Pemex de Pagar a la Secretaría de Hacienda el cargo denominado “Rendimientos Mínimos Garantizados”: se da la paradoja de que, aún cuando contablemente Pemex no obtiene “rendimientos” sino pérdidas, está obligada a realizar este pago, año con año.

8ª. De ninguna manera permitir que Hacienda, arbitrariamente destine al pago de la deuda recursos del fondo para la estabilización de los ingresos petroleros. Estos, según la ley, deben canalizarse exclusivamente a las entidades federativas y a la inversión en Pemex.

9ª. Ajustar a la baja, según la reforma fiscal de Pemex que se pretende, los porcentajes que Hacienda reasignó en 2007.

10ª. Aplicar un Programa Emergente de Inversiones Estratégicas en lo inmediato, consistente en realizar inversiones de monto relativamente pequeño pero de gran impacto en el corto plazo (unas reducirían costos de producción u operación, otras incrementarían los ingresos), que permitan completar o mejorar cadenas de producción o de prestación de servicios internos, al eliminar cuellos de botella u obstrucciones (por ejemplo en petroquímica y en transportes como barcos).

11ª. Aplicar un Programa Integral de Mantenimiento a las Instalaciones con recursos propios de Pemex, en lugar de encargarlo a compañías privadas que sólo incrementan los costos (así, los recursos excedentes, podrían ser destinados a financiar este programa urgente, sin afectar a las entidades federativas). En lugar de ello, Hacienda utilizó parte de los excedentes generados por los altos precios del petróleo desde 2005, en adelantar pagos de la deuda externa correspondientes a 2006 y 2007, sin importarle que la falta de mantenimiento ha convertido las instalaciones petroleras en bombas de tiempo, que han venido cobrando un creciente número de víctimas.

12ª. Establecer un Nuevo Pacto entre la dirección de la empresa, los trabajadores y centros de investigación tecnológica como el Instituto Mexicano del Petróleo, para avanzar de manera conjunta en la recuperación moral, financiera y productiva de Pemex (implicaría entre otros puntos: acordar para mejorar el funcionamiento general de la empresa, eliminar las prácticas clientelares y el contratismo generalizado; abrir procesos penales contra funcionarios y líderes sindicales corruptos; y el compromiso irrestricto de la empresa, con los derechos humanos laborales).

13ª. Ciudadanizar los órganos de control y supervisión de Pemex e institucionalizar la participación directa del Congreso para que el combate de la corrupción sea más eficaz, tanto en las áreas de compras, ventas y distribución, como en la asignación de contratos. Con ello se evitarían mermas al patrimonio de la empresa, estimadas conservadoramente en 3,600 millones de dólares anuales [31]. Las políticas de acción propuestas en los números 2, 6 y 13, generarían 4 mil 385 millones de dólares aproximadamente.

V. EXHORTACION

Por todo lo anteriormente expresado, exhortamos a los diputados y senadores del Congreso de la Unión de la LXII Legislatura, a escuchar a la ciudadanía al respecto mediante una consulta que se puede implementar aún careciendo de la ley reglamentaria (ya que un alto porcentaje de la población mexicana así lo aprueba) y a no modificar regresivamente la Constitución, en lo que toca a los artículos 27 y 28, para conservar en manos de los mexicanos y mexicanas, un patrimonio histórico cuyo destino es el bien de la Nación.

México, D. F. 2 de octubre del año 2013.

EQUIPO NACIONAL DE PASTORAL LABORAL CENTRO DE REFLEXIÓN Y ACCIÓN LABORAL -CEREAL- 22 años en la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Laborales.

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NOTAS:

[1] Sólo un dato más: para 2012, se firmaron nuevos contratos integrales de servicios para la exploración y producción en Chicontepec, Veracruz. Las trasnacionales del petróleo ahí presentes como Halliburton o Schulemberger, no cumplieron lo que dijeron según información oficial: iban a subir la producción de crudo durante 2012 de 79 a 95 mil barriles diarios, pero en realidad la bajaron a 63 mil barriles (en vez de un incremento de 17 por ciento, se registró un decremento de 16 por ciento de caída en ocho meses). A las empresas extranjeras que participaron en las licitaciones se les entregó, sin costo alguno, el inventario de reservas y mapas que a Pemex costaron 50 mil millones de pesos, entre otros detalles.

[2] http://www.sener.gob.mx/reforma/res/Renta%20Petrolera.pdf. En 2012 el costo promedio de extracción fue de 6.84 dólares por barril de petróleo y se llegó a vender en mercados internacionales hasta en 106 dólares. Entonces, la renta petrolera equivalió en ese año, en promedio, a 99 dólares por barril. Por cierto, costo que se mantiene como de los menores, por abajo del de las petroleras internacionales Statoil, Exxon, Conoco, BP, Shell, Petrobras y Chevron, las cuales tienen costos que oscilan entre 7.19 y 13.98 dólares por barril extraído.

[3] Por ejemplo, sobre el abastecimiento de gasolinas importadas para el Altiplano mexicano hasta el año 2020, nada se dice de que podría ser satisfecho si se ejecutara y concluyera la modernización de la Terminal Marítima de Tuxpam, Ver. y el poliducto Tuxpam-México.

[4] Iniciativa de decreto del Ejecutivo Federal, 12 de agosto del 2013. II. 3. Propuesta de reformas… Participación de particulares en la generación de electricidad. http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!reforma

[5] Así lo establece el Art 26 constitucional sobre la Planeación democrática del desarrollo nacional, el art. 35 y la Ley de Planeación de 1983.

[6] “Los mensajes, que se han apoderado de los medios electrónicos, así como de planas enteras pagadas en la mayoría de los diarios de circulación nacional, son congruentes con la iniciativa al menos en un aspecto: no explican los alcances del proyecto presidencial, la magnitud de la reforma, su impacto fiscal ni el significado de las palabras que en el debate público ya se están interpretando como eufemismos. Para el gobierno sólo se necesita una declaración, un eslogan: “No a la privatización, sí a la reforma energética…”. Según los expertos en mercadotecnia política consultados por Proceso, el propósito es claro: usar la publicidad persuasiva, no informativa para ganar el apoyo de la opinión pública y anticiparse a los argumentos nacionalistas, históricos y sociales de la izquierda, a fin de que ésta reme a contracorriente en el debate público”. Rodríguez, Arturo. Espejismos, medias verdades y mentiras. Revista Proceso, 1920, 18 de agosto, 2013, p. 12.

[7] Reconociendo las “identidades nacionales” y el lado subjetivo del petróleo como simbolismo, hay que mencionar su influencia y la de la nacionalización, relacionadas con la soberanía y con cierta noción de identidad nacional. O sea que para la mayoría de los mexicanos no se trata sólo de un recurso natural o de una mercancía sin más, como pretenden las visiones más economicistas liberales. De hecho, una cierta extranjerización busca romper ese vínculo cultural e identitatario para facilitar la acción de la venta o acceso a los recursos o bienes nacionales.

[8] http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!los-mitos. ¡Que no te engañen! La Reforma Energética propone un modelo propio para México, pero toma en cuenta el aprendizaje de otros países, en donde las reformas energéticas han sido exitosas y han generado crecimiento económico y grandes beneficios para sus sociedades.

[9] La revista Fortune (20/7/09) publica anualmente la lista de las primeras 500 empresas globales, según sus ingresos. En base a ello, las verdaderas "nuevas (sic) siete hermanas" del oro negro (¡todas estatales!), según Carola Hoyos, (The Financial Times, 11/3/07), citada por el especialista Alfredo Jalife-Rahme, son: Aramco (Arabia Saudita), Gazprom (Rusia), CNPC (China), NIOC (Irán), PVDSA (Venezuela), Petrobras (Brasil) y Petronas (Malasia).

[10] Gobierno federal: “10 Beneficios que traerá la reforma. 2: Con la Reforma Energética bajará el precio de la luz y también del gas: Van a bajar los recibos de la luz y del gas para las familias, los comercios y la industria; Al tener gas natural más barato, habrá más fertilizantes de mejor precio y alimentos más baratos”. http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!diez-beneficios

[11] Según la revista Fortune, en 2012, PEMEX ocupó el lugar 34 entre las principales 500 empresas mundiales (y fue considerada entre las más rentables de 2011, según la relación ventas/EBITDA), con ingresos del orden de los 125 mil millones de dólares en ese año (CFE fue ubicada con un ingreso de 23 mil mdd).

[12] PEMEX, Propuestas para su rehabilitación Financiera y Productiva, 2005. Petróleos Mexicanos ¿empresa quebrada?, 2008. Dr. José Luis Manzo Yépez. En ambos estudios la nota metodológica indica que el análisis se desprende de cifras oficiales relativas a los estados financieros de la misma empresa, dictaminados por el auditor externo, correspondientes al período 1989-2006.

[13] Iniciativa de decreto del Ejecutivo Federal, 12 de agosto del 2013. II. 3. Propuesta de reformas…, cfr. supra.

[14] http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!los-mitos. “De hecho, con la Reforma Energética, el Estado tendrá más ingresos, generados por mayores inversiones en la industria petrolera. Esto permitirá que el Estado tenga finanzas más estables, y que pueda destinar más recursos a proyectos de infraestructura y programas sociales.

[15] Cuestión sorprendentemente no tratada ni en el Diagnóstico Calderón, ni en el de Peña. Tampoco está incluido el tema de la corrupción, específicamente, el de la corrupción sindical encabezada por Carlos Romero Deschamps.

[16] Reconocido en su momento por Georgina Kessel, Secretaria de Energía: “4 de cada 10 litros de gasolina y uno de cada siete de diesel provienen del extranjero; se importa uno de cada tres kilos de gas LP y uno de cada ocho metros cúbicos de gas natural, y solamente tenemos un día de inventarios de petrolíferos en los períodos de alta demanda”. Dicho en el 50 aniversario de la Asociación de Ingenieros Petroleros de México. La Jornada, 28.06.08, p. 3

[17] El crudo mexicano mediante los procesos industriales petroquímicos abastece diversas industrias para transformar casi 80 mil productos y obtener finalmente fibras, resinas y telas de polyester, envases de plástico, anticongelantes, cremas, detergentes, vinagre, rollos fotográficos, discos, perfumes, analgésicos, pegamentos, recubrimientos para cables eléctricos, tuberías, empaques y retenes, partes automotrices, teléfonos, artículos domésticos, envases para granos, e infinidad de productos más. “En realidad, Pemex renunció a ese papel (promotor de cadenas industriales) en buena medida, cuando empezó hace tiempo, a destinar más del 80 por ciento de sus presupuestos a exploración y producción –actividad muy rentable, pero de poco valor agregado-, pero desatendió la refinación y desarticuló la petroquímica”. Shields, David. Pemex ¿para los grandes? Reforma, Negocios, 12.02.08., p. 6

[18] Con sus políticas actuales, Pemex Exploración y Producción no fomenta a las compañías mexicanas que ofrecen servicios especializados. Además, se crea el peligro de que toda la parte operativa de la industria petrolera quede en manos de unas cuantas empresas extranjeras de servicios, como ya sucede”. Shields, David, id. El subrayado es nuestro. El Diagnóstico Peña tampoco evalúa esta política.

[19] Salinas, luego del Quinazo, partió Pemex en 4 (exploración y producción, refinación, gas y petroquímica) e impuso políticas arbitrarias como la fiscal, mencionada arriba, la de precios internos y abandonó la explotación de las reservas. Los equipos en operación eran casi 150 en 1974 y los redujo a menos de 50 para 1994. Los pozos perforados disminuyeron de más de 400 a menos de 50 en el mismo período.

[20] Iniciativa de decreto del Ejecutivo Federal, 12 de agosto del 2013. II. 3. Propuesta de reformas… “El mayor reto exploratorio será reclasificar los recursos prospectivos, los cuales en su mayoría están localizados en yacimientos de gran complejidad que demandan capacidades de ejecución e inversión que sólo se pueden alcanzar con la concurrencia de diversas empresas petroleras”… “México tiene un gran potencial de hidrocarburos, sobre todo en cuencas poco aprovechadas y con recursos no convencionales, como son las aguas profundas del Golfo de México y el petróleo y gas de lutitas. Esta riqueza en el subsuelo debe aprovecharse para contribuir al desarrollo de la Nación, no existe razón alguna para que, a diferencia de la mayoría de los países, se limiten los medios a través de los cuales el Estado pueda cumplir con su función de extraer sus propios recursos naturales”. http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!reforma. Por ende, el interés pudiera serlo de las grandes compañías internacionales como Shell, Exxon-Mobil, Chevron, Petrobras, Statoil, Repsol, YPF y otras trasnacionales. Pemex estima que se cuenta con 54.7 miles de millones de barriles de petróleo crudo equivalente (bpce) de recursos prospectivos, de los cuales 48 por ciento se concentra, según ellos, en aguas profundas del Golfo de México, que se caracterizan por contar con un tirante de agua mayor a 500 metros

[21] “…En estos días producir un barril de petróleo en aguas someras le cuesta (a PEMEX) 4.3 dólares, pero para grandes profundidades requerirá inversiones superiores a 25 dólares… Esto representa fuertes inversiones (de 80 a 90 por ciento de los costos totales de producción en los primeros años)”. El Financiero, 17.12.07, p. 24. Para 2013: PEMEX reconoce que el costo total por barril en aguas profundas, que incluiría el descubrimiento y desarrollo, más costo de producción sería entre 25 y 40 dólares por barril, a un precio de la mezcla mexicana de exportación de 100 dólares por barril; hoy el costo total por barril, en aguas someras es entre 6 y 16; en los campos terrestres convencionales es de entre 4 y 12; y en los no convencionales, como en Chicontepec, Ver., el costo es de 15 a 24 dólares por barril.

[22] “En la prospectiva del mercado de petróleo 2007-2016, la Sener establece que: “la característica más relevante de esta fase es el riesgo, ya que se deben invertir fuertes sumas de capital para la búsqueda de petróleo, bajo el riesgo de que el pozo no resulte productivo”. El Financiero, id.

[23] La mayor oportunidad petrolera del país está en convertir las reservas probables y posibles (29,862 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, en 2008 que significan un horizonte de 29 años) en reservas probadas. Petróleo ya descubierto y explotable comercialmente. Es inexacto que las mayores reservas de petróleo se encuentren en aguas profundas Así, las afirmaciones que se escuchan de funcionarios y en la televisión, son de petróleo no descubierto. Es indemostrable aún que existan cantidades inmensas de petróleo debajo del fondo del mar en la parte profunda (aunque en su discurso de presentación de la reforma, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, lo afirme, luego de reconocer que: “el éxito comercial es de tan solo de 2 a 5 pozos por cada 10 que se perforan”; habló de 13 mil millones de barriles de petróleo y gas, pero es sólo una posibilidad, aún por concretarse; aún así, eso es inferior a las reservas que la petrolera anuncia para su yacimiento de Chicontepec, que registró pérdidas para Pemex de 18 mil millones de pesos sólo el sexenio pasado). A esa profundidad México no cuenta con “reservas”, pues para que una acumulación de hidrocarburos pueda ser considerada “reserva” debe haber sido descubierta y su explotación comercial evaluada positivamente.

[24] La propuesta energética de Enrique Peña Nieto atenta contra el derecho al desarrollo de mexicanos y mexicanas. Posicionamiento público del CEREAL, 2 de octubre, 2013. Descargar en:

[25] La alta dirección pasó de 7 a 58 oficinas del 92 al 2008. Observaciones del Grupo Ingenieros Pemex Constitución del 17.

[26] Hemos documentado cómo los contratistas en las plataformas de la Sonda de Campeche ofrecen pésimos salarios, escasas prestaciones y tienen condiciones de trabajo que no respetan la ley, como Perforadora Central, de la plataforma Usumacinta, donde murieron 22 trabajadores en 2007. Imperan los contratos de protección y sindicatos fantasma. Eso es lo que ya viven y sufren los trabajadores de las compañías privadas.

[27] El “cártel de Pemex” saquea a la paraestatal. Ravelo, Ricardo. Revista Proceso, 1619, 11.11.07, p. 40. “Además de los graves problemas que enfrenta Pemex por falta de inversiones en infraestructura, la corrupción y el tráfico de influencias le ocasionan pérdidas millonarias y dramáticos descensos en los índices de producción… José Daniel de la Cruz, exsubdirector de Proyectos de la Petroquímica Pajaritos, cuenta a Proceso la forma en que la paraestatal está siendo saqueada por una mafia de funcionarios que identifica como “el cártel de Pemex”.

[28] El rescate integral de Pemex implica la democratización del sindicato petrolero. La persistencia de fraude y violencia en las elecciones sindicales petroleras ha sido motivo de preocupación, desde 1997, de diferentes organizaciones de la sociedad civil, especialmente entre las dedicadas a la promoción y defensa de los derechos humanos. Desde entonces, trabajadores de PEMEX han acudido a solicitar la creación de un Comité de Observación Independiente (COI) que testimoniara lo que en dichas elecciones acontecía. Son cuatro las experiencias de observación ciudadana de elecciones seccionales en el STPRM (1997, 2000, 2003, 2006). Se ha constatado en ellas graves violaciones a los derechos humanos laborales, así lo concluyó el COI, en las cuatro elecciones observadas, lo que debió llevar a la Justicia Laboral a declarar su nulidad y reposición del proceso. Sin embargo, ni las administración del PRI, ni las del PAN, a través de sus Srios. del Trabajo y Previsión Social, determinaron no otorgar la Toma de Nota, con lo que han beneficiado, históricamente, a Romero Deschamps y compañía. Los caminos del petróleo, soberanía desde los vientres de la tierra, CEREAL, 2008.

[29] Seguimos la reflexión teológica de José Ignacio González Faus, aparecida en Horizonte Kyoto, el problema ecológico, Cristianisme i Justícia, 2005, p. 18.

[30] Lo que cuesta incrementar el proceso de refinación hasta el 100% de la capacidad instalada, es 2,626 millones de dólares anuales (cifras de 2003). Por su parte, el valor de la producción incrementada de significan 3,281 millones de dólares anuales. Así, refinar esos 280 mil barriles diarios en lugar de exportarlos, le generaría a Pemex un ingreso adicional por 655 millones de dólares anuales.

[31] Estudios realizados por diversas instituciones (Banco Mundial, Transparencia Internacional) coinciden en señalar que en México la corrupción le cuesta al país un monto equivalente al 9% del PIB. Si aplicamos ese porcentaje a las utilidades generadas por Pemex en 2004 (40 mil millones de dólares), significa que en ese año la corrupción mermó en 3,600 millones de dólares el patrimonio de la empresa. La corrupción merma la capacidad de Pemex para generar utilidades al menos por 4 vías: 1ª) Transferencia en efectivo y en especie hacia la cúpula del sindicato petrolero. 2ª) Incremento artificial de los costos de producción (a cambio de las “comisiones” que pagan algunos proveedores y contratistas, se inflan de manera más que proporcional los precios de compra de los bienes y servicios adquiridos por la empresa). 3ª) Disminución de los ingresos por ventas (a cambio de las “comisiones” que pagan algunos clientes, se reduce el precio de venta de los productos comercializados por la empresa). 4ª) El robo de productos, fundamentalmente gasolinas, mediante la “ordeña” de los ductos y otros mecanismos.

viernes, 11 de octubre de 2013

PRESENTACION DE “GRITO DE LOS POBRES, GRITO DE LA TIERRA” [20131002, sobre la reforma energética]

PRESENTACON DE 
“GRITO DE LOS POBRES, GRITO DE LA TIERRA”
DECLARACION CRISTIANA A PROPOSITO DE LA INICIATIVA DE DECRETO DE ENRIQUE PEÑA NIETO PARA MODIFICAR EL MARCO CONSTITUCIONAL DEL SECTOR ENERGETICO DEL PAIS.

El regreso cuestionado del PRI a la Presidencia, está implicando la imposición de reformas desde el poder legislativo con la promoción del, también cuestionable, Pacto por México. Relacionado con el sector energético del país, el 12 de agosto, Enrique Peña envió al Senado de la República, su iniciativa de decreto, ya no planteando la modificación de leyes secundarias como Felipe Calderón, sino yendo más lejos y amparado en un manejo apropiado a sus intereses de la figura y políticas de Lázaro Cárdenas, pretende reformar los artículos 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, eliminando la condición constitucional de áreas estratégicas a los hidrocarburos y a la electricidad, y con ello, abrir la posibilidad de que el estado mexicano pierda la exclusividad en el manejo y cuidado de tales áreas vitales.

Por el contrario, muchos y muchas en el país, pensamos que Pemex, la empresa más importante de México, y la Comisión Federal de Electricidad, pueden ser rehabilitadas financiera y productivamente, sin modificaciones al marco constitucional, manteniéndolas bajo administración pública, sin que se pierda la exclusividad en el sector y sin que petróleo y electricidad dejen de ser sectores estratégicos y sean rebajadas dichas empresas a meras administradoras de contratos. Su desarrollo debe garantizarnos soberanía y calidad de vida a todos los mexicanos y mexicanas, y no beneficiar directamente a particulares, en el mejor espíritu de la gesta de Lázaro Cárdenas de 1938.

Por ello, el Equipo Nacional de Pastoral Laboral y el CEREAL, hemos actualizado la declaración cristiana que hicimos en 2008, ofreciendo nuestra palabra, precisamente en un momento donde priva la necesidad de que la población sea consultada, por lo trascendental de la gravedad de lo que el Ejecutivo federal plantea, y atendiendo la llamada del Papa Francisco a reconocer que: “El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que idolatra a un dios llamado dinero” (refiriéndose a la relación entre la falta de trabajo y la dignidad, Cagliari, Cerdeña, 22.09.13).

Exhortamos a los diputados y senadores del Congreso de la Unión de la LXII Legislatura, a escuchar a la ciudadanía al respecto mediante una consulta que se puede implementar aún careciendo de la ley reglamentaria (ya que un alto porcentaje de la población mexicana así lo aprueba) y a no modificar regresivamente la Constitución, en lo que toca a los artículos 27 y 28, para conservar en manos de los mexicanos y mexicanas, un patrimonio histórico cuyo destino es el bien de la Nación.


México, D. F. 2 de octubre del año 2013.

EQUIPO NACIONAL DE PASTORAL LABORAL CENTRO DE REFLEXIÓN Y ACCIÓN LABORAL -CEREAL- 22 años en la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Laborales.

domingo, 11 de noviembre de 2012

ACTIVISTAS Y AL MISMO TIEMPO, OVEJAS NEGRAS | Sin Embargo

ACTIVISTAS Y AL MISMO TIEMPO, OVEJAS NEGRAS | Sin Embargo

ACTIVISTAS Y AL MISMO TIEMPO, OVEJAS NEGRAS


Son sacerdotes, obispos y algunas aspiran a llegar al púlpito como ministras de culto. Uno más es poeta. ¿Qué tienen en común Sergio Méndez Arceo, Samuel Ruiz García, Javier Sicilia, Alejandro Solalinde, Pedro Pantoja, Raúl Vera López, Carlos Rodríguez, José Barba, Manuel Marinero, Lauro Macías Raygosa y Saraí Bautista? La rebeldía. La disidencia más profunda. Ante el Estado mexicano y la jerarquía de la Iglesia Católica.

Todos han adquirido notoriedad y fama por su manera de entender la enseñanza cristiana y defender los derechos humanos de los grupos más oprimidos. Sacerdotes o seglares, han vivido el desafío de combinar la militancia política, la lucha social y la fe.
El periodista Emiliano Ruiz Parra los incluye en su libro Ovejas negras. Rebeldes de la iglesia mexicana del siglo XXI (2012). Según su propio dicho, el autor se propuso retratar a los líderes de una generación de sacerdotes, obispos y laicos católicos que han adquirido gran relevancia política y social por sustituir a la izquierda social y parlamentaria en la defensa de los más débiles, con una relectura muy creativa de la imagen de Jesús.
El primer capítulo -sobre cómo el poeta Javier Sicilia se convirtió en activista social- es reproducido a continuación por cortesía de la editorial Oceáno.
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JAVIER SICILIA

EL MÍSTICO QUE ABANDONÓ SU CUEVA

Por: Emiliano Ruiz Parra
¡Desdichado aquél que esquiva el combate, que trepa temblando y soporta la obediencia ciegamente; el que cierra los ojos, levanta las manos, pliega la espalda y se arrodilla! Dice el Señor: ‘¿qué tengo yo que hacer con este ganado? Yo no quiero ni corderos ni palomas en ese momento. Yo quiero el corazón del hombre, la salvación de la inteligencia en armas’”.
Giuseppe Lanza del Vasto.
Epígrafe a El bautista, la primera novela de Javier Sicilia.

LOS PAPELES PÓSTUMOS


Antes de partir a Las Filipinas, Javier Sicilia tuvo un presentimiento oscuro. Llamó a su hijo Juan Francisco y le entregó los papeles de la casa, una novela prácticamente concluida y su último libro de poemas. “Le dije a mi hijo: ‘Aquí está esto’, como si yo me fuera a morir, dejándole la responsabilidad. En el fondo había una intuición de que algo podía pasar. En el fondo yo estaba reteniendo a mi hijo, diciéndole: ‘Hazte cargo de todo esto para que no te vayas’”.
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El teléfono sonó a las tres de la mañana del 28 de marzo de 2011. Uno, dos, tres timbrazos. Por fin el embajador estiró la mano y levantó la bocina, todavía adormilado, en su recámara de la residencia diplomática mexicana en Manila, capital de Las Filipinas. La llamada provenía de Cuernavaca, en el sur de México, mejor conocida como “la ciudad de la eterna primavera”.
La zozobra demudaba la voz al otro lado del teléfono, pero el embajador no tardó en reconocerla: era su hijo Tomás Andrés, de 27 años. Tomás Andrés sabía que Javier Sicilia dormía a esa hora en la residencia de su padre, a 14 mil kilómetros de Cuernavaca.
—Papá, mataron a Juanelo.
El dolor por la pérdida de su amigo de la infancia invadía a Tomás Andrés. El joven de 27 años le preguntó a su padre, ¿cómo decírselo a Javier?, ¿cómo decirle que a esa hora ya habían reconocido el cadáver de Juan Francisco Sicilia Ortega, cariñosamente llamado Juanelo. El embajador Tomás Calvillo le dijo que él le daría la noticia, colgó el teléfono y se sumergió en un silencio de dos o tres minutos.


Esa noche, por casualidad, Javier Sicilia dormía a unos pasos de la recámara del embajador Tomás Calvillo Unna. Ellos se habían conocido unas cuatro décadas atrás en el Instituto de Humanidades y Ciencias (Inhumyc), un bachillerato dirigido por la congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, ubicado en la Ciudad de México. Desde entonces los había hermanado la poesía y la atracción por la figura de Gandhi. Con el tiempo, Tomás Calvillo se convertiría en un académico especializado en relaciones internacionales que, un poco por casualidad, había conocido al presidente Felipe Calderón (2006-2012), a quien le debía su nombramiento como embajador ante Las Filipinas.
Javier Sicilia era el más católico de los poetas y novelistas mexicanos contemporáneos, escritor de un público pequeño y especializado. Desde su primer libro publicado, Permanencia en los puertos (1982), cuando tenía 24 años de edad, hasta el más reciente, Tríptico del desierto (2009), su poesía había girado en torno de un solo tema: la presencia de Dios en el alma del hombre. Fue precisamente ese carácter de poeta católico el que lo había llevado a Las Filipinas. Su amigo Tomás Calvillo quería establecer un puente con los intelectuales católicos del archipiélago y se le ocurrió que el canal idóneo era precisamente su viejo amigo Javier Sicilia. Le comentó su idea a las autoridades del Instituto Cervantes —el prestigioso organismo cultural español que promueve la lengua castellana a nivel internacional— y entre el Instituto Cervantes y la embajada habían invitado al poeta mexicano, quien llegó acompañado de su pareja Isolda Osorio.
El embajador tocó con fuerza la puerta de la habitación de sus huéspedes. Pensó que dormían aún, pero los repetidos timbrazos del teléfono ya habían despertado a Javier y a Isolda
“Me apena mucho, Javier…”, empezó el embajador a buscar las palabras.


El embajador Calvillo me cuenta la escena con una frase: “Fue toda una conmoción”.
El intempestivo regreso a México fue lento y doloroso. Javier Sicilia carecía de visa para entrar a los Estados Unidos de América. Se había negado a pisar el suelo de un país que, decía, trataba a México como su traspatio. Para evitar un transborde aéreo en los Estados Unidos, su viaje a Las Filipinas, desde México, había requerido dar la vuelta al mundo: hacer una escala en Amsterdam y luego emprender otro largo viaje al sur de Asia. Pero Javier Sicilia no quería encontrarse con las cenizas de su hijo sino velarlo y acompañarlo cuando menos unas horas.
“Tomás Calvillo se movió para que el embajador de Estados Unidos nos diera una visa humanitaria. Pero mientras tanto estábamos ahí sentados, impotentes, dando vueltas a la embajada. Por fin nos dieron una de dos años. La visa estuvo lista pero ya se había ido el vuelo. Tuvimos que esperar doce horas más y por fin pudimos volar. Ahí escribí el poema con el que concluyo mi labor poética (dedicado al silencio de Juan). Fueron dos días amargos”, me cuenta Sicilia.
El presidente de la República, Felipe Calderón, llamó a la residencia diplomática para hablar con Javier Sicilia quien era, además, amigo de la familia de su esposa, Margarita Zavala, y de su mentor político, el fallecido Carlos Castillo Peraza. Se comprometió a esclarecer el crimen en donde había muerto Juan Francisco, en una masacre en donde también fueron asesinadas seis personas más.
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CUERNAVACA


En el principio fue un arroyo: unas mil 500 personas empezaron la caminata. Unos cuantos kilómetros después se había transformado en un torrente de unos cinco mil gentes recorriendo las calles de Cuernavaca desde la glorieta de La Paloma hacia la plaza principal y, luego de un par de horas, era ya un río potente y caudaloso que llevaba unas 20 mil personas: la mayor marcha en la historia de esa ciudad cuyo clima perfecto la ha convertido en balneario de emperadores aztecas, virreyes españoles y la clase media mexicana de la Ciudad de México.
Todo era novedoso ese sábado 6 de abril de 2011: la causa por la que marchaban, el hombre al que seguían y, también, para muchos manifestantes, era la primera vez que tomaban las calles. Indignación, empatía y gozo eran tres emociones discordantes y encendidas en esa multitud diversa, formada tanto por jóvenes clasemedieros como por campesinos y viejos luchadores sociales de Morelos.
Cuatro años atrás, en diciembre de 2006, el presidente Felipe Calderón había declarado la guerra contra el narcotráfico y había lanzado a los militares a las calles en diversas zonas del país. El resultado hasta entonces: entre 36 mil y 40 mil muertos, unos cinco mil desaparecidos, decenas de miles de desplazados y huérfanos regados en el norte del país y la costa del Golfo de México. Y del lado oficial nada que presumir: ni había bajado el consumo de estupefacientes ni se había debilitado a los cárteles de la droga. Pero hasta entonces Calderón había contado con el consenso de los políticos mexicanos en la política de guerra —los de su partido y la oposición, los de derecha e izquierda— y sólo había enfrentado brotes focalizados de protesta (sobre todo en Ciudad Juárez), pero ninguno a escala nacional. Por ello la causa de esa marcha en Cuernavaca era inédita y urgente: parar la guerra.


Y a la vanguardia de ese cardumen caminaba el líder más improbable de un movimiento social: un poeta retraído, autor de una obra oscura y mística leída por un círculo de admiradores. Se había quitado la habitual camisa de cuadros para ponerse una camiseta estampada con la fotografía de Juan Francisco Sicilia Ortega, su hijo de 24 años asesinado por narcotraficantes que actuaron en complicidad con policías ministeriales.
A su paso, se reclinaba de tanto en tanto en el hombro de algún amigo y ahí lloraba, frente a todos. Se subía al techo de una combi, tomaba un megáfono y reclamaba la mutilación de su alma frente al cuartel del ejército y, unos cientos de metros después, frente a las oficinas de la procuraduría estatal. Cada una de sus lágrimas era una lágrima de todos. Cada uno de sus gritos era el grito de todos. Dos consignas dominaron esa noche: “Todos somos Sicilia” y “Javier Sicilia, somos tu familia”.
El poeta hablaba con un discurso radical y desde el principio propuso acciones de resistencia civil. A su grito de hartazgo “¡estamos hasta la madre!” sumó una exigencia política: “cuando uno manda a la chingada a las autoridades, tiene que cerciorarse de que efectivamente se vayan a la chingada!” Desde esa tarde, sin embargo, contuvo los reclamos contra el presidente de la República. Desde algunos contingentes se oía la consigna: “Juicio político a Calderón”, a lo que él respondía: “Si se va Calderón tampoco sirve de nada”.
Tras la megamarcha, Sicilia se instaló en plantón en la Plaza de Armas, frente al palacio de gobierno del estado, hasta el 13 de abril, cuando se venció el plazo que dio a las autoridades para resolver el asesinato de su hijo. Entonces exigió la renuncia del gobernador del estado de Morelos (del que Cuernavaca es la capital), Marco Antonio Adame, identificado con los movimiento católicos más conservadores y militante del oficialista Partido Acción Nacional (PAN). Esa noche reiteró que renunciaba a la poesía —lo había anunciado desde el 2 de abril— y leyó sus últimos versos, dedicados a la memoria de su hijo Juanelo.



El mundo ya no es digno de la palabra
Nos la ahogaron por dentro
Como te asfixiaron, como te desgarraron a ti los pulmones
Y el dolor no se me aparta. Sólo tengo al mundo
Por el silencio de los justos.
Por tu silencio y por mi silencio, Juanelo.


Habían transcurrido cuatro años desde el inicio de la guerra y por primera vez surgía una voz que Felipe Calderón no podía eludir. El movimiento en ciernes que encabezaba Sicilia, además, denotaba un talante de izquierda, distinto a los “movimientos de blanco” contra la inseguridad que se habían gestado años antes (con dirigentes como Isabel Miranda de Wallace y María Elena Morera) que pugnaban por mayor mano dura y alentaban la militarización.
Por el contrario, al poeta Javier Sicilia se le conocía por sus artículos solidarios con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), por su oposición a la construcción de un Wal-Mart en Cuernavaca, por su solicitud reiterada de someter a juicio político al gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, en cuya administración fuerzas paramilitares asesinaron a 22 opositores, entre ellos al periodista estadounidense Brad Will. Javier Sicilia apostaba por el movimiento social con una agenda democrática: para parar la guerra había que participar políticamente y tomar las calles. Detrás de un poeta místico pronto se activó una protesta nacional.


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EL ESCAPULARIO DE MI MADRE

Vale la pena retroceder unas horas ese mismo 6 de abril de 2011. Antes de dirigirse a Cuernavaca para encabezar la marcha contra la guerra, el poeta Javier Sicilia y el presidente Felipe Calderón se reunieron en privado en la residencia oficial de Los Pinos. He aquí el relato de la reunión del propio Javier Sicilia:
Yo no conocía a Felipe Calderón antes de que fuera presidente. Sí había tenido una intimidad, una amistad con la familia de su mujer, de Margarita Zavala. A ella no la conocía, sino a su hermano Juan Ignacio Zavala.
Unos días después de la muerte de mi hijo yo estaba cenando en casa de Juan Zavala y su esposa María Scherer y llamó el presidente. Habló con su cuñado y después me lo pasaron.
“Estamos en las mismas, seguimos en la indagatoria”, me dijo Calderón.
“Yo quiero verlo a usted, pero no quiero verlo como presidente, quiero verlo como Felipe Calderón y que le hable Javier Sicilia”, le pedí.
Y me recibió justo antecito de la marcha en Cuernavaca. Hablamos como dos personas. Fue una reunión muy bonita que ayudó mucho al proceso, a lo humano, el cara a cara como yo lo llamo.
Le dije: “Quiero hablarte de tú. Serás el presidente allá afuera, pero ahorita quiero hablar con la persona, contigo. Yo digo cosas muy horribles de ti. Afuera la demonización política es terrible y yo no quiero cargar con un demonio, no quiero cargar con imágenes construidas por procesos ideológicos y tú vas a oír de mí quién sabe cuánta chingadera. Y a mí me van a demonizar. Por eso hoy quiero oír a Felipe Calderón y quiero que oigas a Javier Sicilia, quiero que veas quién soy con mis debilidades y fortalezas, porque vamos a venir acá”. Y Hablamos como dos personas.


Felipe empezó: “Cuéntame tu vida”.
Se la conté.
“Ahora cuéntame la tuya”, le pedí.
Hubo un momento en que le dije: “Ya que somos de la misma secta, que es la Iglesia católica, que mamamos del mismo pecho, que es el evangelio, quiero decirte que vine como Nathan a ver a David”.
(Sicilia abre un paréntesis para contarme la historia bíblica):
Nathan es el profeta y David es el rey. Era la época de múltiples esposas y David tenía muchas mujeres, pero le gustaba la mujer de Urías, uno de sus capitanes, y se la quería quedar. E hizo una cosa perversa: mandó a Urías al lugar de batallas más cabrón. Lo matan y David se queda con su mujer.
Nathan se encabrona y va a verlo. Le cuenta una parábola: “había un pastor que tenía mil ovejas, y había otro que tenía una sola, y a este güey le gustaba, lo mandó matar y se quedó con la oveja”.
Y David que era un hombre ético, ambiguo como todo rey, se indigna y dice: “¡es un acto de injusticia! ¿quién es?” Nathan le dice: “eres tú”. Y es cuando viene ese acto de David que se desgarra las vestiduras, se echa ceniza. Hace un acto de expiación.
(Hasta aquí la historia bíblica de Nathan. Continúa el relato de la reunión de Sicilia y Calderón).


Felipe dijo: “No me llevé a la mujer de nadie”.
“No, pero te llevaste a mi hijo y los 40 mil muertos son responsabilidad tuya”.
Se dobló y me dijo: “no puedo dar marcha atrás”.
“Debías de hacerlo”, contesté.
Luego le regalé un escapulario que era muy querido para mí porque me lo había regalado mi madre.
“Te lo voy a devolver”, me dijo Felipe.
“Me lo devolverás cuando se termine la guerra”, le contesté.
Ahí nos tocamos como dos seres humanos. Y eso ayudó mucho al proceso. Es a lo que le estoy apostando cuando abrazo a alguien. Trato de no mediarlo.
Sicilia concluye la narración del encuentro con el presidente esa mañana del 6 de abril.
Yo le advierto: “Calderón nunca va a rasgarse las vestiduras”.
“Esperemos que sí”, dice.


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MEXICANOS AL GRITO DE GUERRA

Es un personaje tristemente relevante de esta historia: con complejo de inferioridad, se rodea de personajes de menor estatura intelectual, política e incluso física, a quienes prohibió brillar más que él[1]. Hombre de exabruptos, practica el regaño hiriente, exige lealtad incondicional y le exaspera la crítica. A sus 44 años, declaró una guerra contra el narcotráfico que costó 60 mil muertos: me refiero al presidente Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012).
De no haber sido por la guerra contra el narcotráfico, su presidencia habría pasado sin pena ni gloria, como un simple administrador de la inercia del país. Burócrata de toda la vida del Partido Acción Nacional (PAN), el partido de la derecha mexicana, Calderón llegó a la presidencia de la república con una ventaja de apenas 0.56 por ciento de los votos sobre el candidato de la centroizquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien reclamó fraude electoral —sin aportar pruebas— y sacó a cientos de miles de personas a protestar en las calles de la ciudad de México.
En diciembre de 2006, a los pocos días de su toma de protesta, Calderón declaró una “guerra contra el narcotráfico” que consistió en sacar de los cuarteles al Ejército y la Marina —entrenadas en el uso letal de la fuerza— para combatir a las bandas de narcotraficantes. A ellos se agregaría una Policía Federal militarizada que creció de unos doce mil a 36 mil miembros durante el sexenio.
Calderón esgrimió razones morales y políticas. Dijo que quería evitar que “la droga llegara a nuestros hijos”. En otra oportunidad habló de una metástasis o infiltración de la delincuencia organizada en los cuerpos policiacos municipales y estatales, por lo que sólo las fuerzas federales podían combatirlas. Ciertamente, en regiones específicas del país los grupos del crimen organizado habían penetrado las estructuras políticas y policiacas de los gobiernos estatales y municipales, confundiéndose con ellos. Pero al mismo tiempo México mostraba una tendencia sostenida de reducción de la violencia desde 1992. Para 2007 llegó a un mínimo de ocho homicidios por cada 100 mil habitantes, lo que lo convertía en uno de los países menos violentos de América Latina. El consumo de drogas en el país no había subido significativamente tampoco.


Lo cierto es que ni Calderón ni sus más cercanos colaboradores ofrecieron una explicación clara de por qué se lanzaba a las fuerzas armadas a una guerra en el territorio nacional. Los mexicanos nunca supieron objetivos, indicadores ni etapas. Nunca quedó claro quién era el enemigo. Pero empezaron a abundar las ejecuciones. El discurso oficial era simple: los narcotraficantes se matan unos a otros en disputa por rutas de paso de la droga y de “plazas” o regiones del país en donde controlaban delitos como secuestros y extorsiones.
Ni el Congreso, ni los partidos de oposición y ni siquiera los intelectuales cuestionaron la guerra. Calderón gozó, durante algún tiempo, de un consenso de la clase política y de un sector de la opinión pública que le dio a su gobierno una fortaleza política con la que sustituyó el estigma de ilegitimidad de su elección.
Las “ejecuciones entre narcos” se convirtieron en la noticia más frecuente en los diarios. Las estadísticas mostraron que a donde iba el ejército, la marina y la policía federal, la violencia se disparaba. Fernando Escalante, investigador del Colegio de México, estudió con detalle las variaciones en la tasa de homicidios por estado y municipio en 2008 y 2009, a dos años de la militarización del combate al narcotráfico.
“La tasa se dispara a partir de la fecha de despliegue del ejército… Sigue el ejército patrullando Tijuana y Ciudad Juárez y el resto de Chihuahua. Sigue desplegado en Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Nuevo León y Tamaulipas y la tasa de homicidios para ese conjunto de estados se dispara: no sólo viene a ser mucho más alta que la del resto del país, sino que alcanza un máximo histórico”, escribió Escalante en la revista Nexos (“La muerte tiene permiso”, 1 de marzo de 2011).


Son elocuentes las tasas de homicidios por cada 100 mil habitantes de Chihuahua, estado fronterizo con Estados Unidos en donde se desplegó a las fuerzas armadas en marzo de 2008: En 2007 la tasa era de 14.4; se había incrementado a 75.2 en 2008; volvió a subir a 108.5 en 2009 y alcanzó un pico de 148.9 en 2010, justo los años de presencia militar a través del Operativo Conjunto Chihuahua.
De estos números surgen diversas preguntas: ¿Por qué la presencia de las fuerzas armadas multiplicó la violencia por diez? ¿Las ejecuciones sólo se explican porque los narcotraficantes se mataban entre sí?, ¿y lo hacían en las narices de miles de soldados, marinos y policías federales? ¿Por qué nunca se investigaron esos asesinatos?
La Organización de Derechos Humanos estadounidense Human Rights Watch (HRW) documentó que entre diciembre de 2006 y diciembre de 2010, con 35 mil ejecuciones atribuidas a pleitos entre narcotraficantes, “sólo mil habían sido investigados por las autoridades federales; de estos sólo había 330 culpables detenidos y únicamente 22 habían sido sentenciados”, dice en el informe titulado: “Ni seguridad ni derechos. Ejecuciones, desapariciones y tortura en la ‘guerra contra el narcotráfico”, que el 10 de noviembre de 2011 se entregó a Calderón.
Continúa la ONG: “HRW pudo observar que existe una política de seguridad pública que fracasa en dos aspectos. No sólo no ha logrado reducir violencia sino que además ha generado un incremento drástico de violaciones graves de derechos humanos que casi nunca se investigarán adecuadamente. En vez de fortalecer la seguridad pública, la guerra desplegada por Calderón ha conseguido exacerbar un clima de violencia, caos y temor en muchas partes del país”.


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EL POETA QUE SE ECHÓ UNA CRUZ AL HOMBRO

El auténtico protagonista de esta historia, Javier Sicilia, encaja en la definición de carácter medio del que hablaba el novelista y biógrafo austriaco Stefan Zweig. La historia, ese gran demiurgo, decía Zweig, se vale de la desgracia para arrojar a esos a caracteres medios a responsabilidades de mayor relevancia y, así, exaltar sus capacidades latentes (y, agrego yo, también sus defectos):
“Destinado a una pacífica forma de vida, el carácter medio preferiría vivir tranquilamente y en la oscuridad, al abrigo de los vientos y con el destino de mesurada intensidad. Por eso se defiende, por eso se espanta, por eso huye cuando una mano invisible lo lanza hacia la agitación. No quiere responsabilida­des de Historia Universal; por el contrario, las teme. Pero a veces el destino puede trastornar la existencia de uno de tales hombres medios y, con su puño dominador, lanzarlo por encima de su propia medianía […] La tensión trágica no se produce sólo por la desmesurada magnitud de una figura, sino que se da también, en todo tiempo, por la desarmonía entre una criatura humana y su destino”.
En abril de 2011, cuando lo entrevisté por primera vez, le pregunté cómo había sido su conversión de poeta a dirigente de masas: “Como una cruz. No lo esperaba. No lo quería. No quiero que se me vea como un dirigente de masas sino como una voz moral”. En aquel entonces escribí que era el primer poeta místico que se veía forzado a salir de su cueva y pastorear una grey: detestaba que lo llamaran líder y le pesaba serlo. No quisiera encabezar marchas sino hacer novelas. No quisiera pronunciar discursos sino escribir ensayos. No quisiera celebrar reuniones sino animar conversaciones.
Sicilia había vivido la existencia pacífica de un poeta cuyas batallas eran intelectuales. Sencillo, siempre se vestía igual: botas de motociclista, pantalones de mezclilla gastados, camisa de cuadros o a rayas y se cubría con un chaleco de pescador en cuyos bolsillos no faltaba uno o dos paquetes de Delicados con filtro. Friolento, siempre cargaba con una chamarra, de preferencia una café de borrega que le había regalado su hijo Juan Francisco.


Nacido en 1956 en la ciudad de México, Sicilia fue el segundo de cinco hermanos —dos han muerto ya— que crecieron en la calle Cerro del Cubilete en la colonia Campestre Churubusco.  El asesinato de su hijo no fue la primera tragedia que enlutó su vida. Su hermano Óscar Ricardo y sus sobrinas Ana y Paola murieron en un accidente automovilístico, y su hermana mayor falleció de cáncer en el hígado.
De su padre Óscar Sicilia heredó el evangelio y la poesía. A los quince años, recibió de él una edición bilingüe de Las flores del mal. “Léelo y ámalo, porque yo lo tuve que leer a escondidas”, le dijo. Pequeño empresario, era socio de una maquiladora textil con la que le dio a sus hijos una vida de clase media. Óscar Sicilia era un poeta que no escribía sino declamaba sus versos —compilados en la colección Bajo el árbol del Drago— y que los fines de semana iba a los hospitales a confortar desahuciados. Su madre, Catalina Zardaín terminó la carrera de Químico Fármaco Bióloga.
Javier Sicilia estudió la preparatoria en el Instituto de Humanidades y Ciencias (Inhumyc), un colegio de los Misioneros del Espíritu Santo, en donde conoció a dos amigos entrañables, los jóvenes poetas Fabio Morábito y Tomás Calvillo. A Javier le apodaban el Fantasma porque aparecía y desaparecía de repente. Era tímido y apartado, pero pronto se volvió entrón e incluso incursionó como actor amateur.
Al terminar el bachillerato se fue a vivir seis meses a Huayamilpas, una colonia obrera en la periferia de la ciudad de México, habitada por invasores de terrenos, y a donde una comunidad de religiosos jesuitas amigos de su padre se habían establecido para hacer trabajo social. Sicilia, con Fabio Morábito y Federico Gaxiola, que lo acompañaron en la aventura, quería vivir una experiencia en un sector popular. En aquella época coqueteó con las ideas de la Teología de la Liberación y después ingresó a un seminario, con el objetivo de volverse jesuita, pero entonces conoció a Socorro Ortega, Cocó —quien se convertiría en la madre de sus dos hijos— se enamoró y no volvió a pensar más en el sacerdocio.


Estudió Letras Francesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y dedicó su tesis de licenciatura a la poesía de Saint-John Perse, su primer modelo poético y a quien imitó en sus poemas más tempranos, ambientados en Córdoba y Veracruz (en donde su familia materna, de origen español, se había establecido para producir café). Después la lectura de San Juan de la Cruz le daría el tema definitivo en su obra poética: el misterio de Dios en el alma. Sus primeros poemas —liras encabalgadas— son reescrituras del Cántico espiritual.
Entre sus autores preferidos, además de San Juan de la Cruz, se agregan Paul Celan, Iosif Brodsky, T. S. Eliot, Ezra Pound, George Bernanos, Graham Greene y el evangelio de Marcos. Además de nueve libros de poesía, ha publicado seis novelas y dos biografías. Como novelista, como dice uno de sus amigos más cercanos, el narrador Francisco Rebolledo: “carece de la argucia del novelista”. En efecto, sus novelas no se destacan por la creación de suspensos y de tramas, sino que son vehículos para expresar ideas.
Casado con Cocó y con ilusiones de emigrar de la capital de la república para darle una mejor calidad de vida a sus futuros hijos, buscó establecerse en Oaxaca pero no encontró trabajo ahí. Itineró con su currículum bajo el brazo en diversas ciudades del país sin mayor éxito, hasta que un tío suyo le consiguió trabajo en el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, en Cuernavaca, en donde su tarea consistió en corregir la prosa intrincada y llena de anglicismos de los ingenieros. Eran las épocas en que usaba cabello largo y practicaba el vegetarianismo —que le provocó una anemia—, y amaba el dominó y el futbol (ahora no sabe si volverá a disfrutarlos, porque son aficiones que compartía con Juanelo y que inevitablemente asocia con él).


Gracias a los buenos sueldos del IMTA se compró una casita en un barrio clasemediero de Cuernavaca y, robándole horas al trabajo, escribió sus primeras novelas. Dejó ese empleo cuando una orden religiosa lo contrató para escribir la biografía de Concepción Cabrera de Armida, titulada La amante de Cristo. Desde entonces su sustento ha dependido de los trabajos que consigue y que alterna con la escritura: editor, guionista, traductor, profesor, tallerista, articulista y becario del Sistema Nacional de Creadores, al que todavía pertenecía en 2012.
En su juventud, Javier Sicilia soñó con establecer una comunidad ideal en unos terrenos de Morelos, una suerte de ashram gandhiano con el nombre de Arca (por el Arca de Noé), a imitación del Arca que fundara el filósofo italiano Giuseppe Lanza del Vasto en la campiña francesa. Sicilia, con su esposa Cocó y sus hijos Estefanía y Juan Francisco, habían pasado tres meses en el “Arca Madre” de Laborie Noble. Con el sueño de replicar esa experiencia en México, Sicilia convenció a alumnos y amigos, recabó dinero y compró un terreno en Oacalco.
Pero los jóvenes empezaron a desertar y sus hijos tampoco se fascinaron con esa vida rural y apartada. El proyecto fracasó, vendieron el terreno y todos regresaron a sus vidas urbanas. De esa experiencia, sin embargo, surgió la revista Ixtus, dirigida por Sicilia, como expresión del Arca hacia el exterior. Con los años, Ixtus cerró para dar paso a Conspiratio, que tuvo una vida de 15 números y que en febrero de 2012 vio la luz por última vez. Sicilia buscaba, entonces, relanzar Ixtus, aunque no tuviera ya ninguna relación con el proyecto del Arca.
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ZÓCALO RECUPERADO


El periodista René Delgado, director del diario Reforma, lo comparó con el flautista de Hamelin. Javier Sicilia salió el 5 de mayo de 2011 en una marcha silenciosa rumbo a la ciudad de México. En el punto inicial, la glorieta de La Paloma, en Cuernavaca, lo seguían 200 personas. Dos días y 65 kilómetros después, la tarde del 7 de mayo, entró al campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —al sur de la capital del país— con unas mil 500 personas detrás. Su destino estaba todavía a 20 kilómetros: el Zócalo de la Ciudad de México, el corazón histórico y político del país, una explanada en donde caben 100 mil personas.
Muchos capitalinos son hostiles a las manifestaciones. Pero ese 8 de mayo atestiguamos un fenómeno tan inusual como emocionante: los vecinos abrían sus ventanas y balcones para saludar y aplaudir la marcha. Muchos fueron más allá: abrieron las puertas de sus casas, prestaron sus sanitarios y ofrecieron agua, sándwiches y naranjas a los manifestantes.
Diversa, nutrida por igual de clasemedieros y de estudiantes de universidades públicas; de contingentes simbólicos de la izquierda como los ejidatarios de San Salvador Atenco, la policía comunitaria y campesina de Guerrero y los representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Al frente iba Javier Sicilia con un contingente compacto que marchaba en silencio en señal de luto: una variopinta mezcla de clérigos católicos como Alejandro Solalinde y Miguel Concha, un líder mormón que cargaba la bandera nacional, Julián Le Barón, y otro padre doliente, Eduardo Gallo, recordado por haber capturado él solo a los secuestradores y asesinos de su hija ante la inacción de las autoridades años atrás.


Parar la guerra. Y el Zócalo se llenó. Miles de personas escucharon los relatos desgarradores de las víctimas: hijas que nunca regresaban a casa; soldados asesinados tras denunciar la corrupción de sus mandos; madres que habían perdido hasta cuatro hijos —asesinados o desaparecidos— y una cadena de dolor que se visibilizaba por primera vez en el epicentro nacional. La tragedia y la esperanza habían provocado la movilización más exitosa en muchos años.
Al tomar el micrófono, Sicilia demandó un gesto de buena voluntad al gobierno: la renuncia de Genaro García Luna, el secretario de seguridad pública que se atribuye el haber diseñado la estrategia de militarización del país. La plaza aclamó la propuesta y al otro día los periódicos publicaron la exigencia a ocho columnas. Luego el poeta afirmó que la estrategia militar había provocado “una guerra civil donde mexicanos matan mexicanos, generando 40 mil ejecuciones en lo que va del sexenio”. Y añadió: “un componente fundamental que explica esta escalada de violencia y guerra es la enorme corrupción y su infiltración en el Estado en todos los niveles”.
Sicilia leyó un documento de seis puntos  —donde destacaban los puntos dos y seis: poner fin a la estrategia de guerra y reformar el sistema político para alentar la democracia participativa— y convocó a firmar un pacto nacional en Ciudad Juárez, a la que llamó “el epicentro del dolor”.
En poco más de un mes, un padre de familia doliente había convertido su luto personal en el desafío político más importante para el gobierno de la República y su jefe, Felipe Calderón.


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CIUDAD JUÁREZ: EL EPICENTRO DEL DOLOR DE JAVIER SICILIA

Para un amante de los símbolos como Javier Sicilia, no había ciudad más simbólica que Ciudad Juárez. Situada en la frontera con El Paso, Texas, era la ciudad con la tasa de homicidios más alta del país, a pesar de que patrullaban sus calles miembros del ejército (entre 2008 y 2009) y de la Policía Federal (a partir de 2010). La militarización había provocado que las organizaciones de derechos humanos y de izquierda socialista —pequeñas pero muy movilizadas— de esa ciudad adoptaran la agenda del retiro de las fuerzas federales, que llamaron simplemente desmilitarización (aunque se referían también a la salida de la Policía Federal).
Emilia González es la representante en Ciudad Juárez de una de las ONG con mayor arraigo en el estado de Chihuahua, la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos (Cosyddhac). Ella es también amiga y aliada de Javier Sicilia, con quien ha mantenido una relación fraternal en las simpatías y en las diferencias. González resume las consecuencias de la militarización en Ciudad Juárez: “La población de Juárez pensó que los militares eran la salvación y los recibió con esperanza. A los tres meses quedó claro que no llegaron a salvar a nadie: los homicidios, la tortura y la limpieza social subieron de manera alarmante. Se criminalizó la protesta. Cuando se van los militares y llega la Policía Federal la situación es diferente pero igual de grave: se multiplican las extorsiones porque son ellos los que extorsionan”.
En Ciudad Juárez, también, se había producido una de las masacres más emblemáticas de la guerra contra el narcotráfico: la del barrio obrero Villas de Salvárcar. El 30 de enero de 2010, un comando armado asesinó a dieciocho jóvenes —estudiantes y trabajadores— en una fiesta. El presidente Calderón, de gira por Japón, recurrió a su discurso rutinario de atribuir la matanza a un ajuste de cuentas entre narcotraficantes. La reacción indignada de los familiares de las víctimas había forzado a Calderón a acudir a Ciudad Juárez a dar la cara. En un acto público, Luz María Dávila, madre de dos de los fallecidos de Salvárcar, le había reclamado a voz en cuello la calumnia a sus hijos.


Javier Sicilia había llamdo a Ciudad Juárez “el epicentro del dolor” y se propuso recorrer el país por tierra hasta esa ciudad para firmar el pacto de unidad nacional. Pero su camino hasta esa ciudad fue tortuoso aun antes de recorrerlo. El poeta había arropado el sueño gandhiano de convocar a la clase política y a representantes de la sociedad a firmar en Ciudad Juárez un gran pacto de unidad nacional contra la violencia. Pero ni en la clase política ni las organizaciones que nutrieron el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) y ni siquiera los colectivos contra la militarización en Ciudad Juárez —cada uno por razones distintas— estaban dispuestos a secundar su sueño.
Emilio Álvarez-Icaza, ex ombudsman de la Ciudad de México, acudió en representación de Javier Sicilia a reunirse con las organizaciones contra la guerra contra el narcotráfico en Ciudad Juárez. Lo primero que le dijeron es que no firmarían ningún pacto con Calderón. En su experiencia, los diálogos con el gobierno eran una simulación, le dijeron. Y disponían de un antecedente inmediato: tras la matanza en Villas de Salvárcar, Calderón había convocado a la firma del Pacto Todos Somos Juárez, que ofrecía enfrentar la violencia no sólo en su aspecto policiaco-militar, sino social, económico y cultural, que no había arrojado ningún resultado. Emilia González, de Cosyddhac, me dice que el gobierno federal marginó del diálogo a las organizaciones que habían cuestionado a Calderón: “se acabó la mesa de derechos humanos y sólo tuvieron cabida los grupos asistencialistas. El gobierno empezó a dar dinero para dividir. Y nos dimos cuenta de que los diálogos no llevaban a nada”.
Álvarez-Icaza escuchó los argumentos de las organizaciones de Ciudad Juárez y les planteó su agenda: Javier Sicilia recorrería el norte del país hasta esa ciudad y les pedía que firmaran el manifiesto de seis puntos que había presentado en el Zócalo el 8 de mayo, para darle así calidad de pacto nacional. Los juarenses replicaron: no aceptarían adherirse a un documento sin discutirlo previamente. Álvarez-Icaza respondió: “Éste es el tren de Sicilia: el que se quiera subir, bienvenido, y el que se quiera bajar, que se baje”.


Los juarenses —tras una deliberación en privado— revirtieron el amago: antes de firmar cualquier pacto en Juárez discutirían su contenido: “y si no quieren no vengan”, le dijo una de las representantes. Pocos días después recibieron una carta del poeta católico: “Vamos con nuestros dolores y nuestro amor a abrazarlos y a abrazarnos, para hacer nuestra la propuesta de programa que tienen para reconstruir la paz, el amor y la justicia que nos han arrancado”, les dijo.
El 4 de junio por la mañana, Javier Sicilia salió de Cuernavaca en un largo camino de tres mil kilómetros hasta Ciudad Juárez. En su primera parada, en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México, se le adhirió una caravana de trece autobuses y veintidós vehículos compactos, con una población de unas 300 personas, porque no todos iban llenos.
Javier Sicilia infundió sus dimensiones poética y espiritual a un recorrido que exhibía, en cada parada, la tragedia de las víctimas: Como cuenta la cronista Daniela Rea en el sitio Cosecha Roja, madres que habían perdido a sus hijos y que se habían mantenido en las sombras, manchadas por el estigma de que andaban en actividades criminales, salían de su ostracismo al paso de la caravana “del señor Cecilio” como lo llamaban los dolientes de poblaciones rurales que habían oído hablar de él de boca en boca. En sus hombros lloraban los deudos y en sus palabras se reivindicaban los muertos, doblemente muertos por las balas y por la versión oficial que los condenaba como criminales sin molestarse en abrir una investigación. En Durango, un niño llamado Francisco esperó cinco horas el paso de la caravana. A él le habían matado a su padre, el minero Fernando Rodríguez Maturino, su cuerpo asfixiado en cinta canela, envuelto en una cobija y tirado en un claro como basura. Lloraron juntos el niño que había perdido a su padre y el poeta que había perdido a su hijo. La caravana pasó por Morelia, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Saltillo, Monterrey, Torreón, Chihuahua y desembocó en Ciudad Juárez. Durante ocho días el dolor de las víctimas estuvo en la atención de la prensa nacional.


Javier Sicilia hablaba del Reino de Dios y comparaba ese encuentro de hombres y mujeres con la realización de ese Reino, en la sencillez y la solidaridad del dolor y el consuelo compartido. Mario Arriagada y Andrés Lajous, cronistas de la revista Nexos, contaron cómo Sicilia recorrió un camino de despolitización: en sus primeras paradas, el poeta insistía en una agenda de reforma política de las instituciones, centrada en la revocación del mandato. Con el paso de los kilómetros enfatizó en la consolación y el acompañamiento a las víctimas, hasta que llamó al recorrido la Caravana del Consuelo.
El 9 de junio la caravana llegó a Ciudad Juárez. En Villas de Salvárcar la recibieron con una manta: “Usted sí es bienvenido, señor Sicilia”, en clara alusión al presidente Calderón. Arriagada y Lajous escribieron: “Si en Durango se sintió una bienvenida sin condiciones, en Ciudad Juárez no es tan claro. Las víctimas y las organizaciones están más endurecidas por la violencia y tiene clara su propia agenda. Para los de Juárez sentarse a ‘negociar’ con el presidente es inaceptable”. Dos posiciones estaban claras para los juarenses: desmilitarización del país y rechazo al diálogo con Felipe Calderón. En ambas habrían de hacer cortocircuito con Javier Sicilia.
El 10 de junio se instalaron seis mesas de discusión en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, una por cada punto del manifiesto de Javier Sicilia del 8 de mayo.  A la número dos le correspondió “el replanteamiento de la estrategia de guerra”. En esa discusión se concentraron las organizaciones de Ciudad Juárez. Ahí también concurrieron los grupos de izquierda socialista que se habían sumado a la caravana. Del grupo compacto de Javier Sicilia participó Pietro Ameglio. El moderador era el sacerdote dominico Miguel Concha. Los resultados reflejaron una combinación de demandas que, efectivamente, trascendían la agenda de las víctimas, como el rechazo al Tratado del Libre Comercio. Pero lo que realmente provocó la división fue la exigencia, que se impuso por consenso, en estos términos: “el fin inmediato a la estrategia de guerra, la desmilitarización de la policía, el regreso del ejército a los cuarteles y el retiro del fuero militar”.


Por la noche, en el monumento a Benito Juárez, Javier Sicilia firmó el documento, lo llamó “el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad” y convocó a la sociedad a firmarlo. Lo secundaron el obispo Raúl Vera López, el provincial de los dominicos Gonzalo Ituarte y los sacerdotes Miguel Concha y Óscar Enríquez. Al final de la jornada, Sicilia y Álvarez-Icaza acudieron a la casa de Emilia González, de Cosyddhac, a hacer una evaluación del resultado de las mesas.
A la mañana siguiente, en un acto en El Paso, Texas, en suelo estadounidense, Sicilia se retractó. Dijo que el documento firmado no era el pacto sino las relatorías de las mesas de discusión: “la posición de retirar al ejército de las calles es igual de atroz a la de haberlo sacado como lo sacaron y nos va a generar un problema mayor”. Con esa declaración, los grupos de Ciudad Juárez y de izquierda socialista que habían acompañado a Sicilia —y habían impulsado su agenda en las mesas— se sintieron defraudados y perdieron entusiasmo respecto al liderazgo del poeta, quien ya estaba en negociaciones con las autoridades federales para concertar un encuentro con Felipe Calderón.
González, la representante de Cosyddhac en Ciudad Juárez, comparte su análisis de lo que ocurrió aquellos días de tensión y ruptura. Según González, Sicilia estaba decidido a ir al diálogo público con Felipe Calderón, pero el presidente nunca lo recibiría si el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad demandaba la desmilitarización y, con ello, el replanteamiento radical de la guerra contra el narcotráfico:
“Sicilia esperaba que las conclusiones fuera acorde a lo que había presentado en el Zócalo el 8 de mayo. Ya no hubo armonía entre lo que ellos (Sicilia y su equipo cercano) esperaban y lo que las mesas dijeron: él nunca habló de la desmilitarización y aquí fue una demanda muy fuerte. Sicilia quería el diálogo con el gobierno. Nosotros ya lo habíamos tenido, inclusive con los militares, y nos quedaba claro que eso no (arrojaría ningún resultado). Es simulación. Y si estás en ese diálogo eres parte de esa simulación. Para Ciudad Juárez, los diálogos con el gobierno no conducían a nada. Luego Sicilia lo descubrió”.


La unidad del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en torno de Javier Sicilia ya se había perdido.
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EL ABRAZO DE CHAPULTEPEC

La mañana del 23 de junio de 2011 Javier Sicilia llegó al castillo de Chapultepec al frente de una representación de deudos para reunirse con el presidente Felipe Calderón y su gabinete. Gandhianamente, el poeta supuso que el encuentro de Chapultepec como la oportunidad de Calderón de escuchar a las víctimas, conmoverse y pedir perdón.
Y como era Javier Sicilia el que estaba más interesado en la reunión, Calderón impuso sus condiciones: rechazó que el encuentro se celebrara en el Palacio Nacional como lo había pedido el poeta y propuso el Museo de Antropología. Un día antes de la reunión le volvió a cambiar la sede. Sicilia amagó con no presentarse al castillo de Chapultepec sino en ir, con las víctimas, a las puertas del Museo de Antropología para exhibir la cerrazón del gobierno frente a los medios de comunicación. Fue Emilio Álvarez-Icaza quien lo reprendió: “vas a perder el proceso de las víctimas por una necedad”. Luego vendrían más condiciones: los dolientes que expondrían sus casos debían enviar sus discursos con anticipación, además de que se les prohibió llevar mantas o cartulinas. Ya en Chapultepec, por la mañana, se les hizo pasar por el detector de metales.


Sicilia llegó sin demandas concretas salvo la exigencia de que el presidente Calderón pidiera perdón a la nación y a las víctimas. Mencionó el retiro del ejército, pero “tomando en cuenta las características de cada entidad”, y lo hizo sólo de pasada y sin insistencia. Calderón aprovechó el vacío. Dueño del escenario  —y acompañado, entre otros, del secretario de seguridad pública Genaro García Luna, a quien Sicilia había exigido renunciar— pidió perdón, sí, pero por no haber sido más enfático en su estrategia militarista. Con golpes en la mesa y tono regañón (que Sicilia calificaría de insolente), acusó a Sicilia de presentarse con premisas equivocadas: “tienen que pedir perdón los que piden parar la acción del gobierno”. Ofreció rectificar siempre que le dieran una alternativa. Sicilia se quedó sin respuesta.
El presidente le dijo que, si sólo tuviera piedras, con piedras combatiría a los narcotraficantes: “esperando que sólo por un momento tuviera el aliento de David para hacerlo”. A punto de concluir la reunión, Javier Sicilia se paró de su silla, caminó hasta donde estaba Felipe Calderón, se quitó del cuello un escapulario y le dijo que le pertenecía a una víctima. Se la habían regalado a él pero quería compartirla con el presidente. Tras colgársela en el cuello, le dio un abrazo que se convertiría en la fotografía de portada de los periódicos del otro día.
Calderón regresó a su asiento y soltó una frase de agradecimiento sólo Javier Sicilia entendió:
—Me siento muy bendecido y protegido por gente que ora por mí. Traigo una que me dio otra víctima, y pesa mucho, pero fortalece mucho… Margarita es la que los reza, pero me voy a aplicar por la persona que me lo dio para rezarlo también.


Se refería a un escapulario que le colgaba del cuello, invisible debajo de la camiseta desde dos meses atrás, el 6 de abril, cuando el propio Javier Sicilia se lo había regalado en la reunión privada en donde hablaron del rey David y el profeta Nathán. La reunión fue celebrada por la prensa como “uno de los mejores días de Calderón”.
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EL ANARQUISTA QUE BESÓ AL VERDUGO

Desde la ruptura de Ciudad Juárez y el abrazo a Calderón en el castillo de Chapultepec, Javier Sicilia se convirtió en un enigma para la izquierda mexicana, que nunca terminó de comprenderlo ni de asirlo, hombre complejo de emociones explosivas y de ideas contradictorias, nutridas de torrentes de pensamiento que apuntan a distintas direcciones y manan de diferentes fuentes.
Sicilia es un anarquista que condena al Estado —y al conjunto de las instituciones de la modernidad— porque en el Estado percibe la negación del amor de Cristo. Pero es también un gandhiano pacifista que cree —y cree honestamente— que puede conmover los corazones de los más altos representantes de ese mismo Estado que condena. Es uno de los críticos más radicales de la Iglesia católica —afirma que si Jesús naciera en nuestros días, sería la Iglesia quien lo enviaría a la crucifixión— pero es también un crítico leal que apela al Papa y al Vaticano cuando necesita ayuda (y no la obtiene). Su pensamiento se deriva de una parábola que, aun demasiado conocida, resulta imprescindible relatar:
“En el principio hubo un Dios que renunció a ser Dios y se encarnó en un niño judío y pobre. Durante unos treinta años vivió en el anonimato como artesano de la construcción y la madera. Luego predicó el Reino de Dios —el Reino de su Padre y de sí mismo—, pasó sus días en comunidad itinerante, tan pobre que no tenía siquiera “dónde reclinar la cabeza”, se le consideró hereje y fue condenado a muerte por los poderosos de su tiempo”.


En la historia de Occidente, no hay otro relato con más interpretaciones que éste. La escuela de pensamiento de Javier Sicilia, heredera del filósofo vienés Iván Illich, se detiene en dos detalles: la pobreza de este Dios encarnado y la ausencia de organización de su comunidad de seguidores. Si el Dios-hombre las había adoptado, ambas condiciones eran libres y santas.
Durante algunos cientos de años, las comunidades de seguidores de Yeshúa de Nazaret preservaron el espíritu de pobreza de su fundador, que les había enseñado a amar a los otros sin que importara si eran judíos o gentiles, varones o mujeres, libres o esclavos. Pero hacia el final del siglo IV se aliaron con el César y su imperio romano y se tornaron Iglesia imperial. La solidaridad con los pobres, que antes ejercían al interior de sus propias casas, se transfirió a los hospicios: con ello se diluyó la relación personal, cara a cara, entre el cristiano y el menesteroso. Esa Iglesia continuó creciendo y, con su crecimiento, cada día se institucionalizaba más y más, corrompiendo las enseñanzas de su fundador.
El Estado como institución moderna y secular —sigue esta misma teoría de la historia— nació bajo el modelo de esa Iglesia católica imperial: como una burocracia tecnificada que erigía barreras entre las personas. Y, tal como la Iglesia, se dedicó a administrar la caridad: a instalar hospitales, escuelas, asilos de ancianos. Según Sicilia, todas estas instituciones crearon mediaciones entre los seres humanos. La caridad —la ayuda al anciano, al pobre, al enfermo, al extranjero— se expulsó de los hogares y se encargó a las burocracias, que tratan a la gente, al prójimo, como una abstracción y no como seres de carne y hueso.
Esa administración de la caridad a través de las instituciones es, para Sicilia, una traición a las enseñanzas de Jesús y, de esa manera, el gran pecado de Occidente. La caridad, que era su razón de ser, se convirtió en un pretexto para administrar el poder. Esta mediación creó el amor abstracto o ideología: el amor a ideas, a nociones de colectividad, a grandes proyectos (el gobierno del pueblo, el socialismo, etcétera). Ese amor abstracto desplazó al amor concreto, aquél que sólo es posible cuando dos personas se ven cara a cara y se ayudan.


En el punto más alto del movimiento que germinó con la sangre de Juanelo, Javier Sicilia optó por romper esas mediaciones y empezó de arriba hacia abajo: con el presidente de la República, Felipe Calderón y, meses después, con el coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones y, en mayo de 2012, con el entonces candidato presidencial del PRI Enrique Peña Nieto, entre muchos otros, a quienes abrazó o besó frente a las cámaras de televisión aunque él mismo había insistido en que “el Estado está infiltrado en todos los niveles por el crimen organizado”. Sicilia los llamó gestos de paz para romper esas mediaciones y tocar los corazones de los políticos: “lo radical es ir a las raíces y eso se llama el corazón del hombre”, explicó después.
Detrás de esos gestos de paz hay una teoría dualista del ser humano y de las instituciones: los políticos, aun los más atroces opresores, tienen un corazón susceptible de ser conmovido y, por ello, de transformarse hacia el bien. Lo mismo ocurre con las instituciones. Cuando Sicilia dice: “la Iglesia es una puta pero es mi madre” se refiere a que la Iglesia católica es la encarnación del pecado, pero dentro de ella pervive otra Iglesia no corrompida —la de defensores de derechos humanos como Alejandro Solalinde y Raúl Vera— que preserva las enseñanzas de Jesús.
Dentro de esa línea de pensamiento, la guerra contra el narcotráfico fue un equívoco de Calderón y, como tal, corregible a través de la expiación. Sicilia afirma que Calderón actuó por amor abstracto al declarar la guerra contra el narcotráfico —para preservar a los jóvenes del acceso a las drogas— y, como todo amor abstracto, había soslayado a las personas concretas, a los mismos jóvenes que murieron en la guerra declarada en su nombre. (Sicilia también ha denunciado que la guerra contra el narcotráfico es una imposición del gobierno de Estados Unidos, pero no por ello le resta el carácter de equívoco a la acción de Calderón.) Al abrazarlo en público, Sicilia pretendió —dice— confrontarlo con su equívoco, tocar su corazón y, de esa manera, convertirlo al amor concreto hacia los jóvenes que morían en la guerra.


El sector más a la izquierda del MPJD calificó el abrazo como traición. Desde otros sectores de ese mismo espectro político, como Antonio Helguera, cartonista del diario La Jornada y uno de los dirigentes de No+sangre, colectivo contra la guerra contra el narcotráfico, lo acusó de capitulación y de besar verdugos.
La crítica cultural Lucía Melgar publicó un artículo a los pocos días del abrazo de Chapultepec: “La Cumbre de Chapultepec no contribuye al logro de una paz con justicia y dignidad. Marca, por el contrario, un retroceso, en cuanto que sus efectos inmediatos debilitan el discurso político alternativo, de denuncia y exigencia, que se estaba construyendo desde la ciudadanía y contra el gobierno, la clase política y los poderes fácticos.
“Si la pregunta era ‘ser o no ser líder’, Sicilia ya la contestó. Al presentarse ante Calderón como si estuviera en una reunión de cuates, bajo el supuesto de que a fin de cuentas ‘todos se conocen’, y al anteponer sus preferencias ideológicas personales a las exigencias de un movimiento político por la paz con justicia y dignidad, el interlocutor del presidente demostró que no está dispuesto a asumir la responsabilidad política que implica un liderazgo ciudadano democrático y abierto a la pluralidad” (subrayado en el original).
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“LAS REVOLUCIONES NO HAN RESUELTO NADA”


Entrevisté a Javier Sicilia por tercera vez el 1 de agosto de 2011 para la escritura de esta crónica. Quería confrontarlo con los señalamientos de capitulación que llegaban desde los sectores de izquierda del MPJD. Me recibió en una pequeña oficina del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), la ONG que preside Emilio Álvarez-Icaza. Javier Sicilia vivía el agobio de un liderazgo nacional que se había cruzado a su vida sin previo aviso —venía de una reunión en el Senado para impulsar la defensa de los transmigrantes centroamericanos— y su anhelo de regresar a su rutina de intelectual de claustro —robaba horas para corregir las galeras del próximo número de la revista Conspiratio, que dirigía—. Conversamos largamente sobre política. Hombre de emociones encendidas y contrastantes, la charla transitó entre la dulzura y la exaltación, la sonrisa y la reflexión. Aquí lo más importante:
Sicilia: “Tenemos que parar la guerra en el Zócalo. El movimiento tiene dos piernas, si no, no funciona: el diálogo y la movilización. Tiene que haber movilización. Sabemos que la pura movilización te lleva al aislamiento, y el puro diálogo te lleva a la cooptación. Ya lo hemos visto. La movilización abajo lleva a los zapatistas a un encierro y el puro diálogo a los vericuetos administrativos —no digo que no funcionen— como el caso de Alejandro Martí e Isabel Miranda de Wallace”.
Se critica que no hay organicidad democrática en la toma de decisiones del movimiento, que tú como dirigente actúas como caudillo.
Es una crítica justa. El problema es que tampoco tenemos cómo hacer esa pluralidad. Muchas de las cosas que se logran en los diálogos ha sido trabajo en corto: ir a visitar a agrupaciones, políticos, el cara-a-cara como yo lo llamo. El problema es que al que quieren como interlocutor es a mí. Y yo nomás tengo dos líneas: cómo construir la paz, y cómo esa paz la puedo reflejar no sólo en los discursos, sino también en los gestos, que se han leído muy mal. Gestos de paz.


¿No era premiar demasiado a Felipe Calderón con el abrazo y el escapulario después de que dijo “pido perdón, sí,  pero por no haber sido más cabrón, por no haber sacado al ejército a las calles antes”? Sabías que eran gestos simbólicos muy importantes.
Lo puedes leer políticamente a la antigua o te buscas códigos nuevos. Si quieres leer con la lógica de la izquierda, de que el símbolo es una claudicación, está bien. Vengo de una tradición que se llama gandhiana. Aquí no existe esa tradición, aquí existe la tradición de la enemistad.
¿Y no se diluyó la responsabilidad de Calderón?
Calderón es el responsable absoluto…
En el momento de ir, de darle ese foro, ¿no se le permite que políticamente asuma una posición que no tenía, de hombre que escucha, de hombre de diálogo, que gane él con esa mesa?
Cualquiera que se acerca a la demanda del movimiento va a ganar espacio. Desde el principio le estamos ayudando a Calderón en ese sentido. Es más, el presidente no ha entendido cuánta cancha se pudo haber abierto si le pide la renuncia a García Luna.
Y al contrario, te lo puso a un lado. ¿Era tolerable la presencia de García Luna ahí?
Vamos a verlo con la óptica de Calderón. No lleva ni al secretario de Marina ni de la Defensa. Llega con Genaro. ¿Qué es lo que nos está tratando de decir? “Ustedes tienen razón, tenemos que meter al Ejército [a los cuarteles] y mi apuesta es hacer una buena policía, ésta es mi apuesta”.


¿Y no te decía: “tú me pides su renuncia y aquí te lo pongo”?
Creo que Calderón no estaba en esa tesitura. Dice sí a la Ley de Víctimas. Cambia el discurso. Tocó el discurso nuestro, del lado de las víctimas.
Pero no cambió las cosas.
No se cambia de la noche a la mañana. Hay una rara lectura de la vieja izquierda que es a chingadazos y ahora o nunca y si no me das lo que yo quiero es la enemistad total. Es la política de los perdedores, por eso la izquierda no está en el poder.
¿De tu parte no hay rendición, no hay claudicación?
No hay rendición. Yo abrazo a Calderón como un ser humano. No creo que sea Pinochet. Es un hombre que no tiene la menor conciencia, que hay que hacérsela sentir. Pero eso se demuestra lentamente, hablando desde la ética, el amor, el corazón, no desde la estrategia ideológica. No se trata de si (cambiar) esta estrategia (la militarización de la seguridad pública): sino de cómo construimos un mundo nuevo, no mediado por técnicas, por burocracia, no mediado por el poder. ¿Cómo llevar a Calderón a hacer ese clic? Por el lado de lo humano: tenemos que expiar nuestros actos y devolver justicia.
-¿Tocaste el corazón de Calderón?
-Sí, lo tocamos.
-Calderón no se mueve en esos códigos.
-No, pero hay que llevarlo ahí.


-Ese tocar el corazón tendría que traducirse en un cambio en la política de Calderón, y eso no ocurrió.
-No.
-¿No fue, en ese sentido, un gesto inútil?
El hecho de la PGR retome los casos y empiecen a solucionarse, dice algo. Por María Elena Herrera, por sus cuatro hijos muertos, dos desaparecidos, dos asesinados, [por su tragedia] que fuimos a recoger a casa de la chingada y a visibilizar y llevamos allá, y después de su calvario por las instituciones que la despreciaban y la tenían amenazada, llevarla allí, y que el poder le diga: “Señora, usted es digna”, yo hubiera caminado los cuatro mil kilómetros y hubiera llegado al alcázar.
Pero ésa es la relación del súbdito: yo, magnánimo, te doy el número de mi teléfono celular y me llamas…
-¿Por qué del súbdito? Le estoy exigiendo. Eso no es un súbdito.
-¿Pero eso cambia la política estructural?
Le estoy exigiendo algo como ciudadano al Estado. No puedo sustituir al Estado. ¿Qué quieres, cabrón?, ¿a quién le voy a pedir algo?, ¿al presidente legítimo, al pinche procurador legítimo? [Se refiere a Andrés Manuel López Obrador, que se autodenominó presidente legítimo en 2006, y nombró procurador legítimo a Bernardo Bátiz] ¿Me quedo con mi conciencia gandhiana, con mi conciencia anarquista?, ¿y qué gano?


Ojalá la política se hiciera de otra manera, pero en términos de eficacia política, del resultado de un movimiento, con el diálogo de Chapultepec no se abrió nada, no se movió.
Yo hago la pregunta, ¿qué harías en mis botas?, en mi caso, ¿qué hubieras hecho?
Llegar con un programa político a Chapultepec, con demandas concretas.
Tengo cuatro meses caminando, ¿con qué equipo? Estamos caminando, regresamos a ponernos de acuerdo a ver cómo llegamos al Castillo. ¿Sabes qué fue llegar a ese ejercicio?
Sí: te cambian el lugar un día antes, no le permitieron a las víctimas llevar mantas…
Primero quisieron cambiar el día. Dije: si cambian el día lo doy por cerrado. Al otro día: cámbienlo al Castillo. Pues todos esos procesos, sin equipo.
¿Y a los de Ciudad Juárez, que pudieron haber sido equipo político?
Los de Juárez estaban invitados.
Al llegar a la reunión de Chapultepec con Felipe Calderón no había una claridad de qué se demandaba. Por ejemplo, el retiro del ejército de las calles. Entiendo que ése fue un punto de quiebre con las organizaciones de Ciudad Juárez.


El punto de quiebre es que ellos lo quieren ya. El problema es que se sacó irresponsablemente, y meterlo es irresponsable igual.
¿Y por qué no se llegó a Chapultepec con el planteamiento de  un retiro paulatino del Ejército?
Está, porque estamos proponiendo una nueva ley (de seguridad ciudadana), que ha estado desarrollando el padre Miguel Concha y los juristas de la UNAM. Implica pensar el retiro del ejército. No se planteó porque estamos hablando de los grandes temas.
¿No faltó llegar con ese tipo de concreción a Chapultepec?
Nos hubiera gustado. Pero somos ocho monos y un montón de gente, de organizaciones que van apuntalando. No tenemos equipo. No tengo ni secretaria. Andamos como desarrapados, sin lana, sacándole tiempo al tiempo. Teníamos muchos sueños y hemos llegado con lo que podemos: con un lenguaje distinto, que es leído con códigos viejos de Occidente.
¿Y no es como decir: “yo pongo por encima mi código nuevo sobre la eficacia del movimiento”?
También esto es una pedagogía. Yo no dejo de ser un autor y un autor no es rehén del público. Yo no vine a hacer política en el sentido que tú quieres. No vine a escribir literatura en el sentido que otros quieren. Quiero preservar mi libertad de espíritu.
¿Pones por encima tu autenticidad sobre la eficacia política del movimiento, Javier?
Gandhianamente, no creo en la eficacia.


¿Y los resultados de la movilización? La movilización concentra muchísima fuerza social, y de repente no logra mover al presidente, no logra mover al Estado.
Pues volvamos a moverlos. Y lleguemos a acuerdos si se pueden llegar acuerdos buenos para la ciudadanía. Es una apuesta pero la intransigencia sigue: los seguimos queriendo como personas pero como políticos no.
¿Así fue el abrazo con Calderón: sí como persona, no como político?
Exactamente. Igual con Beltrones. Los besos en los cachetes a Beltrones pues es eso. Me caes bien, güey, como persona: (pero) cumplan.
Y si te reúnes con Peña Nieto, también con Peña Nieto.
Si me sale del corazón, lo voy a hacer. Me salieron del corazón. Soy muy apapachón [en efecto lo besó el 28 de mayo de 2012].
Pero no estás entre cuates.
Pero yo beso a la gente.
Ellos no son tus cuates y no estás ahí porque sean tus cuates.
Son ciudadanos. Son seres humanos. Pongamos lo humano por encima de los personajes. Beltrones no se esperaba eso. Calderón se puso tieso.


Pero también dice: “el principal líder opositor me abrazó”.
Ésa es la lectura que quiere hacer el sistema. Le dije a La Jornada: “a ver, cabrones, explíquenme una cosa: abracé a Calderón. Pero metimos a Epigmenio Ibarra [productor independiente que hizo una cobertura televisiva de los diálogos de Chapultepec]. Tenían 10 mil narrativas, tenían 10 mil fotografías. Y ustedes eligen esa y me ponen en la madre”. Si la derecha lo hace, me vale madres. Sé que son mis enemigos y lo van a hacer cada vez que pueda.
Pero si sabes que lo van a usar así, ¿para qué lo hiciste, para qué se lo regalaste?
Por eso. Tú le dices a La Jornada… no me quedan más que tres interpretaciones: o son corruptos y se las pagó el sistema, o son hijos de la chingada o son pendejos. Creo que es la tercera.
Pero el abrazo es la nota.
¿Qué es lo que importa: la nota o los contenidos, la interpretación de la narrativa?
El abrazo y el escapulario son una decisión política tuya.
Sí, pero la decisión es decisión de quien interpreta. Como una obra. Tú escribes una novela y la van a interpretar de todas las maneras. Habrá críticos que dirán: ‘eres un pendejo’, y otros que van a decir: ‘es la clave’.


¿Estás haciendo política para la posteridad, así como hay escritores que escriben para la posteridad?
No, no escribo para la posteridad. Escribo una narrativa con ciertas intenciones de autor. La política es una narrativa. Interpretamos, está bien.
¿Fue un error el abrazo?
No. En los códigos de la eficacia sí es un error. No estoy con el código de la eficacia. Eso es Lenin: lo que importa es el fin, los medios valen madres. Yo no soy de esa línea. Debe haber una interrelación entre el medio y el fin. Es Gandhi.
¿Y para volver a convocar a la movilización no necesitas volver a echarte para adelante públicamente?
Sí. Lo haré en su momento sin dejar de abrazar a los otros. Que se entiende que es contra sus políticas, sus negocios, no contra sus personas.
Es difícil que se entienda esa separación.
No la entendemos. Occidente ha sido la historia de matar a los hombres. Las revoluciones, como decía Camus, han matado hombres y principios y no han resuelto absolutamente nada.
Algo se ganó con la Revolución Francesa.
Sí, pero los costos fueron muy altos.


“No mueran los malos, muera el mal”.
Exactamente.
Pero el mal no es un ente abstracto, son personas que toman decisiones…
Pero son actos. La persona no es mala, la persona hace cosas malas. Si ahorita quiero cambiar una política no la voy a cambiar enjuiciando a una persona. La voy a enjuiciar, ¿y qué?
…quitarle el poder.
Nadie se lo va a quitar. En la lógica vieja: quitas a Calderón y la estructura sigue. ¿Cómo reformar esto si no es por las conciencias? Soy un anarquista pero vivo en una república. A veces en el furor de los principios perdemos de vista a la persona. Calderón no es tan demonio, no lo perdamos de vista como persona [sino] golpeemos sus equívocos. Tiene que ser juzgado, sí, tiene que enfrentar eso, sí, lo tiene que enfrentar, pero ahora tenemos que parar la guerra. No me puedo mover más que por ahí. Es lo que me dice mi corazón. Si no funcionó, se hizo lo que se pudo.
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LA NOVELA DE JAVIER SICILIA

En la novela La confesión, el diario de Esteban Martorus (2009), un personaje llamado “el padre M”, —heterónimo del sacerdote Marcial Maciel, como me lo confirmó el propio Javier Sicilia— se arrepiente de sus crímenes de abuso sexual cometidos en perjuicio de los seminaristas de su poderosa congregación, los Legionarios de Cristo. Quien lo mueve a la expiación es el hombre menos probable: Esteban Martorus, destituido y marginado cura de pueblo y confesor de plebes, quien lo confronta con su miseria humana de mentiroso, profanador de menores y constructor de un emporio religioso que traiciona la pobreza y el sufrimiento del Cristo crucificado. Sinceramente arrepentido, Maciel se dispone a escribir su confesión y a recluirse en la austeridad de una trapa. Tras redactar una larga carta con el relato de sus crímenes y enviarla al cardenal de la Ciudad de México y al papa Benedicto XVI, Maciel muere en paz en la soledad de la habitación de su hermana, en una población de Morelos conurbada a Cuernavaca.


Sabemos que la realidad fue completamente distinta de como la noveló Javier Sicilia: Marcial Maciel no se arrepintió nunca de sus delitos. Ni siquiera obedeció la orden del papa de retirarse a una vida privada de oración y penitencia. Por el contrario, dedicó sus últimos años a vacacionar por Europa en compañía de su hija, de su primer esposa y de miembros de la cúpula legionaria (ver en este libro “José Barba, el hombre que desafió a dos papas”).
El episodio de la novela ilustra, primero, la convicción genuina de Sicilia de que cualquier ser humano —incluso un depredador como Maciel— puede ser movido al arrepentimiento genuino y a la reparación de sus pecados. Si Martorus lo logró con Maciel, ¿por qué no habría de lograrlo Sicilia con el presidente Calderón?
En el terreno literario, Martorus y el padre M de La confesión ilustran también la reticencia de Javier Sicilia de construir personajes complejos y multidimensionales. Los protagonistas de sus novelas son arquetípicos: Martorus, por ejemplo, encarna al Cristo pobre y crucificado que da un testimonio de grandeza moral en la soledad de un pueblito de Morelos. Juan Iliasi, protagonista de la novela A través del silencio (2002), representa al lujurioso arrepentido que busca la expiación a través de la enfermedad terminal y la muerte.
Por eso, el mejor personaje del novelista Javier Sicilia es, precisamente, Javier Sicilia, el poeta católico que renunció a la poesía como tributo a su amado Juanelo, el místico que abandonó su cueva para tornarse pastor del movimiento social más importante del sexenio que transcurrió entre 2006 y 2012. La complejidad que falta a sus personajes literarios le sobra a su persona. Sicilia es dulce y amoroso en la alegría, y también hiriente y grosero en la furia. Como Hamlet, es un hombre de determinación de hierro que se juega la vida por recuperar justicia para su hijo y, también como el príncipe de Dinamarca, es un hombre acosado por las dudas, que podría decidir mañana lo contrario a lo que defendió ayer. En Sicilia conviven las fuerzas divergentes del pacifismo que pacta y el anarquismo que rompe, pero él las concilia y convierte esa mezcla en su divisa política. Y si bien renunció a la escritura de versos, ha cimentado su acción dirigente dando voz al amor, el consuelo y la unidad. En un país con el discurso corrompido y desgastado por la simulación, sólo un poeta en pleno uso de sus poderes literarios pudo haber cometido esa osadía y hacerlo con brillantez.


Obsesivo, se aferró a su hipótesis de que podía cambiar el curso de la guerra a través de conmover a Calderón y al resto de los políticos del régimen. En esa apuesta se le fue la unidad del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y, de paso, el respaldo de las masas. Tras los diálogos de Chapultepec convocó a otra movilización en la ciudad de México: sólo tres mil personas lo siguieron hasta Los Pinos, un contingente mínimo respecto a los 100 mil del 8 de mayo. En un nuevo esfuerzo movilizador, el 9 de septiembre Sicilia recorrió Cuernavaca al frente de la “Caravana del Sur”, en donde “pasó desapercibida”, de acuerdo con la crónica de la periodista Daniela Rea de Reforma.
Su obcecación lo llevó nuevamente con Felipe Calderón al Castillo de Chapultepec el 14 de octubre de 2011, en donde, ahora sí, exigió una hoja de ruta de desmilitarización, que tampoco le concedieron. La generosidad gandhiana de Sicilia sólo recibió mezquindad de Felipe Calderón. En julio de 2012, a unos meses de dejar el poder, el presidente Calderón vetó la Ley de Víctimas, redactada por abogados afines a Sicilia y aprobada por el Congreso de la Unión. El poeta lo calificó como una traición del mismo hombre cuyo corazón había tocado meses atrás. Sicilia nunca reconoció que su estrategia de acercamiento a Calderón hubiera estado equivocada.
Constructor fallido de comunidades ideales, Javier Sicilia se rodeó de filósofos y novelistas en su primera etapa como dirigente nacional del movimiento contra la guerra: el profesor universitario Pietro Ameglio, experto en Gandhi y activista de tiempo completo de la resistencia civil pacífica; el novelista anarco-lopezobradorista Francisco Rebolledo, autor de Rasero y el filósofo Jean Robert, el mayor experto en el pensamiento de Iván Illich. A las pocas semanas, Ameglio —impulsor de la movilización y la resistencia civil— y el resto de los integrantes del primer grupo fueron desplazados por Emilio Álvarez-Icaza, un exitoso consultor en políticas públicas y derechos humanos, que asumió el múltiple papel de asesor, portavoz y operador político de Javier Sicilia y quien impulsó la línea dialoguista dentro del MPJD.


A los periodistas que cubrimos la primera etapa de movilizaciones nos deslumbró el lado luminoso de Javier Sicilia: el hombre común, austero y cariñoso que ofrendaba su identidad de poeta a la reivindicación de su hijo y de otros cuarenta mil hijos cuyos padres lloraban en silencio. En unos cuantos días, un vate dulce, franco y malhablado, sin ninguna tacha en su vida previa, invadía la escena pública nacional, copada tradicionalmente por burócratas de traje y corbata que hablaban con el manual de lugares comunes de los políticos formados en el simulacro y la corruptela. Seducidos, no dimos cuenta de sus rasgos autoritarios que se manifestaron desde los días germinales de Cuernavaca en abril de 2011.
Como el personaje obsesivo, complejo e inasible que es, Sicilia cometió errores en su intempestiva irrupción en la vida de México. Pero en el balance, su participación política le hizo un gran servicio al país: mientras la oposición parlamentaria de centroizquierda —agrupada en torno de Andrés Manuel López Obrador— callaba ante la guerra, Javier Sicilia encarnó la protesta, la convirtió en un movimiento nacional y le dio voz y rostro a decenas de miles de dolientes y desplazados. Sin mayores recursos y pocos aliados, Sicilia movilizó a decenas de miles, reivindicó a los muertos, sentó al presidente de la república y a los senadores y diputados y los hizo escuchar a los dolientes. El 28 de mayo de 2012 hizo desfilar a los cuatro candidatos presidenciales frente a familiares de víctimas y a los cuatro les reclamó que omitieran de sus manifiestos la agenda de la guerra y de los cuatro exhibió los lados más oscuros de su trayectoria.
Cargado de dolor, sin ninguna preparación previa para la política y la movilización, Sicilia escribió su mejor poema: un movimiento que devolvió la dignidad a las víctimas y los dolientes, y construyó a su mejor personaje de novela: a sí mismo. Rescato para finalizar este texto una respuesta que me dio en abril de 2011, mientras bebíamos un chocolate en casa de su hermana, en un barrio al sur de la Ciudad de México, a donde fue a refugiarse tras el peligro en que puso a su vida por su activismo político: “Hago esto por un principio de dignidad humana y de dignidad de mi hijo, que le ha dado rostro a los que el gobierno ha despreciado y criminalizado. Estoy seguro de que lo volveré a ver como volveré a ver a quienes he amado en el amor de Cristo, y espero que me diga: “¿Sabes qué?, lo hiciste bien. Estoy orgulloso de ti”.



[1]Al inicio del sexenio, se instruyó a los secretarios de Estado que los anuncios relevantes de políticas públicas sólo serían dados a conocer por Felipe Calderón, quien sería el único portavoz del gobierno.