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sábado, 14 de noviembre de 2020

[Aord33-hoac] JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES 15 NOVIEMBRE 2020 | EN LA JORNADA MUNDIAL POR LOS POBRES, “TIENDE TU MANO AL POBRE”


Jornada mundial de los pobres | 15 noviembre 2020


La Iglesia celebra el 15 de noviembre la IV Jornada Mundial de los Pobres. Una Jornada en la que el papa Francisco invita a toda la Iglesia a ser signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.

Una oportunidad para recordar la predilección de Jesús por los pobres. Una invitación a mantener la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. "Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial" recalcaba el Santo Padre en su mensaje para la I Jornada.

Este año la Jornada Mundial por los Pobres se celebra en medio de una pandemia que ha zarandeado el mundo. Ha dejado al descubierto la fragilidad humana y ha puesto en crisis muchas certezas. Ha puesto nuevos rostros a la pobreza. Ha traído -escribe el Papa en su mensaje- dolor y muerte, desaliento y desconcierto. Pero también hemos visto cómo a nuestro alrededor se tendían muchas manos.

En este espacio web se facilitan algunos materiales para reflexionar y preparar esta Jornada.






La Jornada Mundial de los Pobres, una llamada a volver la mirada a la esencia del Evangelio y a mostrar nuestra solidaridad con las personas más pobres como reflejo de nuestra fe.

El encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga, cuestiona nuestro estilo de vida y el suyo, y no nos deja indiferentes.

El Papa Francisco invita a la comunidad cristiana a comprometer la vida y a involucrarse en la experiencia de compartir y acompañar, de la generosidad y del cuidado.

Mensaje del Papa Francisco
Pautas para la animación en las comunidades
Guión Litúrgico
Guión para la homilía


Publicado por en 10:52 

HOAC de Cádiz y Ceuta

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¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES

CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.

Iglesia en el Mundo Obrero y Mundo Obrero en la Iglesia.
Una Mirada Cristiana del Trabajo Humano y el Bien Común.

miércoles, 15 de enero de 2014

NNOO1555-2014ENERO: La alegría del Evangelio de la fraternidad y la justicia

La alegría del Evangelio de la fraternidad y la justicia
02 ENERO 2014 | POR HOAC
Editorial de Noticias Obreras
Núm. 1.555 - ENERO 2014



La exhortación apostólica «Evangelii gaudium» (La alegría del Evangelio) del Papa Francisco es una propuesta de vida impresionante. Una invitación a que repensemos nuestra vida, personal, social, eclesial, para crecer en fidelidad a la Buena Noticia de Jesucristo, porque en ella está el camino de nuestra realización humana, de nuestra felicidad personal y social. El Papa Francisco nos invita a fijarnos en lo más importante, en lo que es central y sustancial para nuestras vidas. De la gran riqueza de la exhortación queremos subrayar algo de lo que nos parece más sustancial.

Lo central y sustancial está en Jesucristo, es Jesucristo, y, en Él, está en la sagrada dignidad de toda persona y en la sagrada dignidad de la vida de los pobres que reclama justicia. Lo decisivo es mirar, como Jesucristo, nuestras vidas, nuestro mundo y nuestra Iglesia, desde la misericordia, desde el amor concreto a las personas concretas. La misericordia es la gran fuerza transformadora de nuestras vidas y de nuestro mundo: «Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos» (n. 183).

Por eso, la «transformación misionera de la Iglesia» pasa por salir de sí misma, por volcarse desde la misericordia en afirmar prácticamente la sagrada dignidad de la persona, por unir nuestra vida a la vida cotidiana de las personas, en particular de los pobres: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (…) Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse. “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6, 37)» (n. 49).

Nuestro mundo y nuestras vidas serían otras si realmente acogiéramos la lógica de Dios, si nos reconociéramos realmente como hijos y hermanos: «la vida social sería ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos» (n. 180). De ello quiere ser servidora la Iglesia. Existen hoy, dice el Papa Francisco, dos cuestiones fundamentales que determinan el futuro de la humanidad: la inclusión social de los pobres, en una economía y un sistema social que genera exclusión y descarta personas desde su idolatría del dinero, y la paz (fruto de la justicia) y el diálogo social que aprecia la diversidad para construir juntos un mundo mejor y más humano.

El cambio que necesita nuestro mundo pasa por situar en el centro la lucha por la justicia debida a los empobrecidos. Por eso, el Papa Francisco invita a tomarnos completamente en serio que «cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y la promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad» (n. 187). Escuchar el clamor de los pobres es afrontar las causas estructurales de la injusta pobreza, transformar esa situación, y ayudarles en sus necesidades concretas, uniendo el cambio estructural y el personal, porque «el imperativo de escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno» (n. 193). Por eso es tan importante generar una nueva mentalidad política y económica, «crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos» (n. 188).

Dios otorga a los pobres «su primera misericordia». «Por eso –dice Francisco– quiero una Iglesia pobre para los pobres (…) La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (n. 198). Porque «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio (…) Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (n. 48).